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Una Señal Celestial

El aumento de la temperatura es la causa principal de los incendios en el Ártico

La preocupación por el calentamiento global es una constante entre los científicos. Desde deshielos inesperados a migración de especies, desde la destrucción de hábitats y ecosistemas al riesgo de transformaciones en los biomas.

 

Ahora, en concordancia con estas alertas, una nueva investigación que acaba de publicarse en la revista Science indica que el cambio climático está provocando un aumento exponencial de los mega incendios en el Ártico.

 

En el año 2020, destruyeron un área casi tan grande como Bélgica, y las tasas de incendios recientes en el Ártico siberiano superaron las de las últimas cuatro décadas. El número de incendios fue 7 veces mayor que el promedio desde 1982, según indicó el estudio.

 

Los científicos pertenecientes al CREAF (Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales de España) atribuyeron este incremento dramático al aumento de las temperaturas, ya que el verano de 2020 fue el más cálido de los últimos 40 años. Aproximadamente 4,7 millones de hectáreas fueron quemadas entre 2019 y 2020, lo que resultó en emisiones totales de 412,7 millones de toneladas de gases de efecto invernadero.

 

El Ártico tiene grandes áreas de permafrost, es una capa de subsuelo permanentemente congelada que acumula grandes cantidades de carbono. Con el aumento de los incendios, el permafrost se ha dañado, provocando una gran liberación de gases de efecto invernadero. Los incendios también destruyen los hábitats y ecosistemas dinámicos que han prosperado durante años.

 

“Solo en 2020, se detectaron 423 incendios en el Ártico siberiano, que quemaron alrededor de 3 millones de hectáreas y provocaron la emisión de 256 millones de toneladas de CO2 equivalente”, explicó el primer autor Adrià Descals del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

 

“Las temperaturas están alcanzando un umbral crítico en el que pequeños incrementos por encima de la media estival de 10 °C pueden aumentar exponencialmente la superficie quemada y las emisiones asociadas. La temperatura media de verano de 2020, que fue de 11,35 grados, será muy común a partir de la segunda mitad del siglo si el calentamiento del Ártico continúa al mismo ritmo.” explica Josep Peñuelas, coautor del estudio y científico del CSIC.

 

Lo que trae la temperatura

 

Los problemas resultantes de temperaturas más altas, como condiciones climáticas más secas, veranos más largos y más vegetación, han mostrado una tendencia constante durante las últimas cuatro décadas y contribuyen al aumento de los incendios.

 

“Las temperaturas más altas explican el deshielo más temprano, lo que a su vez permite un mayor crecimiento de la vegetación y aumenta la disponibilidad de combustible”, indica Peñuelas.

 

“El hecho de que haya más vegetación y más temprana reduce la disponibilidad de agua en el suelo, y las plantas sufren un mayor estrés hídrico. Las olas de calor extremas, como la de 2020 en el Ártico siberiano, aumentan la vulnerabilidad a la sequía, ya que pueden desecar las plantas y reducir la humedad de la turba y, por lo tanto, aumentar la intensidad de los incendios y las emisiones de carbono” explica Aleixandre Verger, investigador del CSIC y del CREAF.

 

Otra consecuencia clave de este aumento de las temperaturas es un incremento de las tormentas y los rayos, que hasta ahora han sido muy raros en el Ártico. “Detectamos incendios sobre el paralelo 72 norte, más de 600 km al norte del Círculo Polar Ártico, donde los incendios son inusuales y donde el hielo invernal aún era visible en el momento de la quema” afirmó Descals.

 

“Se detectaron muchos incendios con unos pocos días de diferencia, por lo que planteamos la hipótesis de que el aumento de las tormentas eléctricas y los rayos son la principal causa de los incendios, aunque se requerirían más investigaciones para demostrar cuánto pueden influir las actividades humanas en la temporada de incendios en esta remota región.

 

El calentamiento climático tiene, por tanto, un doble efecto sobre el riesgo de incendios: aumenta la susceptibilidad de la vegetación y las turberas al fuego y, por otro lado, aumenta el número de igniciones provocadas por tormentas eléctricas”, concluyó Descals. También participaron de la investigación Aleixandre Verger, Douglas Sheil y Daisuke Naito.

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