Isaías 58:4 (NTV) ¿De qué les sirve ayunar, si siguen con sus peleas y riñas? Con esta clase de ayuno, nunca lograrán nada conmigo.

 

En estos días, mis hijos se han dado cuenta de que estamos ayunando. Ellos lo notan porque, regularmente, comemos todos juntos, pero ahora están comiendo solos. Entonces me preguntan: “Papá, ¿por qué no vienes a comer?”. Yo les explico: “Hijos, estoy ayunando”.

 

Ellos quisieron saber en qué consistía el ayuno. Les expliqué que ayunar es abstenerse de alimentos por un periodo de tiempo que cada persona estipula o considera necesario. Luego me preguntaron cuánto tiempo debía durar, y les comenté que hay personas que ayunan desde que se levantan durante ocho horas sin comer, otros ayunan tres días seguidos, e incluso hay quienes ayunan siete días completos.

 

También les hablé de que Jesucristo ayunó cuarenta días. Ellos se quedaban pensativos mientras escuchaban la enseñanza. En medio de la conversación, preguntaron cómo hizo Jesucristo para aguantar tanto tiempo, y les expliqué que los seres humanos podemos soportar muchos días sin comer. Les aclaré que necesitamos agua, pero que Dios diseñó el cuerpo de una manera tan fuerte y resistente que puede soportar largos períodos sin alimento.

 

Entonces Lucas me hizo una pregunta clave: “¿Y para qué se ayuna?” Yo le respondí que el ayuno es para buscar el favor de Dios, para ser una fuente de bendición y para que Sus bendiciones estén con nosotros. Les expliqué que el ayuno es como darle un regalo a Dios. Cuando haces algo por alguien o le das un regalo, le estás diciendo que lo aprecias, que lo amas y que pensaste en esa persona al preparar ese obsequio.

 

Ayunar es decirle a Dios: “Esto lo hago por Ti”. Es una forma de expresarle que lo amamos, que es especial en nuestra vida y que Su presencia es importante para nosotros. El ayuno es una práctica totalmente espiritual que desata muchos favores sobre nuestras vidas.

 

Sin embargo, lo que más llama la atención del versículo que leímos en Isaías 58:4 es el reproche que Dios hace a Su pueblo. A través del profeta Isaías, Dios les reclama y les dice que de nada les sirve ayunar si continúan con peleas y riñas. Con esa clase de ayuno, les dice claramente, no lograrán nada con Él.

 

Dios estaba enseñando que lo que ellos hacían era solamente un ayuno físico. Se estaban absteniendo de comida, pero no estaban viendo ningún resultado espiritual. No estaban obteniendo Su favor ni Sus bendiciones. Esto no significa que el ayuno no tenga beneficios para el cuerpo, porque sí los tiene, pero ese no es el enfoque principal cuando ayunamos como creyentes.

 

Cuando nosotros ayunamos, debemos hacerlo desde lo espiritual, desde nuestro ser interior. No debemos ayunar pensando solo en el cuerpo, sino considerando los beneficios espirituales que el ayuno trae a nuestra vida. Dios les dice claramente que, mientras ayunaban, seguían peleando, discutiendo, contendiendo, odiando, envidiando y acumulando ofensas, no solo en lo físico, sino también en sus pensamientos.

 

Por esa razón Dios les dice: “De esta manera no van a lograr nada conmigo”. Pueden seguir aguantando hambre si quieren, pero Su favor no lo tendrán, Su bendición no la recibirán y no cuenten con que Él esté agradado. Mientras ayunen y sigan en riñas y conflictos, no lograrán nada con Él.

 

Este devocional es un recordatorio directo de lo que Dios mismo declaró. Esta clase de ayuno no logra nada delante de nuestro Dios. Si queremos Su favor, Sus bendiciones y ser agradables a Él, debemos entender que el ayuno es como un regalo que se le ofrece a alguien importante.

 

Cuando tú aprecias a alguien, le das un buen regalo. No envuelves algo roto, que no funciona o que no sirve. No entregas algo defectuoso ni usado. Hacer un ayuno mientras se vive en peleas, discusiones, envidias, odios y resentimientos es como entregar un regalo que está dañado, que no funciona y que se convierte en una carga para quien lo recibe.

 

Si quieres hacer un ayuno correcto, hazlo desde tu interior. Hazlo entendiendo que Dios espera que vivamos en paz y en tranquilidad con las personas que nos rodean. Esta es la clase de ayuno que a Dios le agrada.

 

ORACIÓN

 

 

Padre celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, te damos gracias porque por medio de tu Palabra nos guías, nos instruyes y traes vida a nuestro ser. Tu Palabra es vida y esa vida resplandece en nosotros cada vez que la leemos.

 

Señor, hoy hemos entendido que el ayuno que Tú esperas no es solamente abstenernos de alimentos, sino también abstenernos de generar y alimentar emociones negativas y destructivas hacia nosotros mismos y hacia los demás.

 

Perdónanos, Dios, si tratando de hacer lo correcto lo hicimos de manera indebida. Perdónanos, Señor, si intentando agradarte, guardamos en nuestro corazón riñas, peleas, críticas, juicios, envidias, malos pensamientos o malos deseos hacia otros.

 

Padre celestial, permite que quien ayuna lo haga desde su interior y con la motivación correcta. 

 

Amén y amén.

 

¡Bendiciones!