Eclesiastés 10:4 (NTV) Si tu jefe se enoja contigo, ¡no renuncies a tu puesto! Un espíritu sereno puede superar grandes errores.
Este es un consejo sabio que el proverbista Salomón dejó escrito. Él dice: “Si tu jefe se enoja contigo, no renuncies a tu puesto; un espíritu sereno puede superar grandes errores.”
Este versículo nos enseña algo muy valioso: no renuncies impulsivamente cuando enfrentes dificultades o conflictos. A veces, cuando discutimos con nuestro jefe o enfrentamos una situación tensa en el trabajo, lo primero que pensamos es en abandonar todo. Sin embargo, la sabiduría está en mantener la calma y conservar un espíritu sereno.
Este principio no solo aplica en el ámbito laboral. También en la vida diaria enfrentamos presión constante, tanto en nuestras responsabilidades personales como familiares. A menudo creemos que solo nosotros llevamos cargas pesadas o atravesamos situaciones difíciles, pero eso no es cierto. Todos enfrentamos presiones, incluso aquellas personas que aparentan tranquilidad. La diferencia está en que algunos han aprendido a manejar sus emociones y a reaccionar con serenidad.
Por eso, cuando veas a alguien tranquilo frente a las dificultades, no pienses que su vida es más fácil. Simplemente ha aprendido a dominar sus emociones y mantener el control en medio de la presión. Nosotros también debemos aprender a hacerlo. Pensar que somos los únicos con problemas o que nadie nos entiende es un error que solo nos desgasta.
En cualquier entorno, sea laboral, familiar o de amistad, debemos entender que habrá desacuerdos. No todos pensamos ni actuamos igual. Si eres jefe o lideras un equipo, debes aceptar que las personas bajo tu dirección no harán las cosas exactamente como tú las harías. Cada quien tiene su propio estilo, y parte de la madurez es saber delegar y confiar en los demás, sin estar controlando cada detalle.
Por otro lado, si trabajas bajo la autoridad de alguien, también necesitas comprender a tu jefe. Puede estar bajo presión o cumpliendo metas exigentes. Si en algún momento reacciona con enojo o frustración, no significa que debas renunciar. No seas tan frágil o impulsivo. Demuestra carácter y estabilidad.
El sabio Salomón nos recuerda que “un espíritu sereno puede superar grandes errores.” Es decir, la calma puede corregir situaciones complicadas, evitar decisiones precipitadas y restaurar relaciones dañadas.
Y esto no solo aplica en el trabajo. También en la iglesia, en proyectos, en amistades o en el matrimonio. Muchas personas hoy son tan frágiles que ante la primera dificultad abandonan. Renuncian al trabajo porque se sintieron maltratadas, a una relación porque no se sintieron valoradas o a un sueño porque no salió como esperaban.
Sin embargo, la debilidad no representa el carácter del Espíritu Santo. El Espíritu de Cristo es uno de resistencia, fortaleza y perseverancia. Jesús fue azotado, golpeado, humillado y crucificado, pero nunca renunció. No dijo “abandono esta causa”. Se mantuvo firme y cumplió su propósito hasta el final.
Por eso, tómalo con calma. No te precipites ni tomes decisiones movido por la emoción del momento. Fortalécete, resiste y continúa adelante. Ese es el consejo sabio que Salomón nos da en este versículo.
ORACIÓN

Padre Celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret te damos gracias por tu Palabra. Cada vez que la escuchamos somos llenos de sabiduría, gozo y corrección.
Hoy entendemos que la fragilidad y la debilidad no son para tus hijos. Nosotros debemos reflejar tu carácter: el carácter de resistencia, firmeza y perseverancia.
Señor, te pido por cada persona que participa en este devocional. Si alguno está pensando en renunciar, abandonar o tirar la toalla, fortalece su corazón. Recuérdales que tú tampoco renunciaste cuando fuiste azotado y castigado, sino que permaneciste fiel hasta cumplir tu propósito.
Te pido, mi Dios, que cuando tus hijos enfrenten presión laboral, emocional o matrimonial, los ayudes a tomar las cosas con calma, a no actuar por impulso ni precipitación. Que comprendan que a veces abandonar sería truncar el plan que tú tienes para ellos.
Líbranos de decisiones apresuradas, danos dominio propio y enséñanos a mantenernos firmes bajo presión. Bendigo a cada persona que hoy enfrenta un desafío. Dales paz, fortaleza y serenidad.
En el nombre poderoso de Jesús de Nazaret.
Amén y amén.
¡Bendiciones!