Isaías 24:1 (NTV)

Miren, el Señor está a punto de destruir la tierra y convertirla en una inmensa tierra baldía. Él devasta la superficie de la tierra y dispersa a los habitantes.

El profeta Isaías escribió estas palabras hace unos dos mil setecientos años.

Y la pregunta honesta aparece sola: han pasado veintisiete siglos y la tierra sigue aquí. ¿Para qué detenernos entonces en una advertencia que todavía no se cumple?

Porque el punto nunca fue la fecha. El punto es dónde tienes puesta la mirada.

Piensa en la escala por un momento. Los montes que ves llevan milenios ahí. Los océanos llevan más. La creación material ha estado en su lugar durante un tiempo que ni siquiera alcanzamos a imaginar.

Y nosotros tenemos ochenta años. Noventa, si nos va bien. Cien, con suerte.

Nuestro paso por este mundo es brevísimo, y aun así vivimos como si fuera lo único. Ensimismados en el conflicto de esta semana, absorbidos por la distracción de hoy, cargando aflicciones que dentro de cinco años ni recordaremos. Le damos un valor desmedido a lo terrenal, como si este mundo fuera permanente y nosotros con él.

Por eso Dios deja recordatorios. No para asustarte: para reubicarte.

Cuando mantienes la mirada en el Reino de Dios y en Sus promesas, tres cosas cambian. El desánimo pierde fuerza, porque dejas de medirlo todo con la vara de lo inmediato. Los problemas diarios se resuelven con más sabiduría, porque los ves del tamaño que realmente tienen. Y recuerdas a dónde vas, que es lo que más se nos olvida.

Lo temporal es pasajero. Lo eterno no.

Casi nada de lo que hoy te quita el sueño va a seguir importando. Y tu vida es demasiado corta para gastarla en lo que no la merece.

ORACIÓN

Padre celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, gracias por la oportunidad de conectarnos con Tu Palabra y por este recordatorio tan necesario. Reconocemos que con frecuencia nos enfocamos demasiado en lo temporal, en los problemas de hoy y en las cosas materiales de este mundo, olvidando la realidad de Tu Reino eterno. Perdónanos por vivir ensimismados en nuestras propias preocupaciones y perder la perspectiva de Tus planes. Concédenos el enfoque correcto: ayúdanos a poner la mirada y el corazón en lo que es eterno, sabiendo que nuestro paso por esta tierra es breve. Permite que vivamos cada día con la sabiduría y la firmeza de quienes confían plenamente en Tus promesas futuras.

Oramos en el nombre de Jesús de Nazaret. Amén y amén.

¡Bendiciones!