Lucas 19:11 (NTV)

La multitud escuchaba todo lo que Jesús decía y, como ya se acercaba a Jerusalén, les contó una historia para corregir la idea de que el reino de Dios comenzaría de inmediato.

Imagina la escena. Jesús camina rumbo a Jerusalén y detrás va una multitud que crece con cada kilómetro. La expectativa está al rojo vivo. Muchos de los que van ahí están convencidos de que el Reino de Dios se va a manifestar en cualquier momento, con poder político y militar, y que este hombre es el líder que por fin los va a liberar del yugo de Roma.

Están emocionados. Están equivocados.

Jesús lo percibe. Y aquí viene lo notable: en lugar de aprovechar el entusiasmo de la multitud, hace exactamente lo contrario. Les cuenta una historia para desarmarles la idea.

Les habla de un hombre noble que tiene que partir a un país lejano para ser coronado rey, y solo después regresar. Con esa imagen les está diciendo algo que no querían escuchar: en esta primera venida no vengo a instaurar un dominio terrenal. Vengo a pagar el precio de la redención en la cruz del Calvario. El Reino eterno viene, pero viene después.

Fíjate en un detalle: a quienes corrigió no fue a Sus enemigos. Fue a la gente que lo seguía. A los que ya creían.

Y esa es la parte que nos toca.

Porque también nosotros nos armamos ideas de cómo tiene que actuar Dios. Queremos que responda inmediatamente, a nuestra manera y en nuestros tiempos, como si la oración fuera un pedido con fecha de entrega.

A veces lo buscamos solo por conveniencia, por lo que pueda salir de Su mano, y no por quién es Él.

Y cuando la respuesta no llega como la planeamos, nos ofendemos. Nos resentimos. Como si Dios nos hubiera quedado mal, cuando en realidad quien falló fue la expectativa que construimos.

Dios nunca falla. Todas Sus promesas son verdaderas. Lo que hace falta es madurez para rendir nuestra propia voluntad y confiar en que Sus tiempos son infinitamente superiores a los nuestros.

Cambiar de idea sobre Dios no es perder la fe. Muchas veces es el primer paso para tenerla de verdad.

ORACIÓN

Padre celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, gracias por la oportunidad de acercarnos a Tu Palabra y por corregir nuestros pensamientos a través de las Escrituras. Hoy te pedimos perdón si hemos alimentado expectativas equivocadas o si hemos pretendido que Tu voluntad se amolde a nuestros deseos. Ayúdanos a despojar nuestra mente de todo egoísmo y afán de control, y enséñanos a hacer un cambio sincero de perspectiva. Rendimos nuestro corazón y nuestros planes ante Ti: que no se haga lo que nosotros queremos ni en nuestros tiempos, sino que prevalezca siempre Tu perfecta voluntad. Danos la fe y la paciencia para esperar en Ti, confiando en que Tu camino es perfecto y que jamás fallas.

Oramos en el nombre de Jesús de Nazaret. Amén y amén.

¡Bendiciones!