A las 7:34 de la mañana del lunes 10 de agosto, la tierra se abrió en el Chocó. A las nueve, tu feed ya estaba lleno de "orando por Colombia". A las once, esas mismas cuentas habían vuelto a su programación normal: la casa en venta, el testimonio motivacional, el reel de la semana.
El terremoto dejó 239 muertos confirmados y 287 desaparecidos al corte del 12 de agosto. Nadie de los que publicaron movió una piedra.
Y antes de que sigas: esto no es una columna contra la oración. La oración es real y tiene poder. Esto es una columna sobre algo distinto: sobre lo que pasa cuando el gesto público reemplaza a la obediencia costosa.
Porque hace apenas siete semanas la frase era otra. El 24 de junio, dos terremotos golpearon Venezuela y dejaron más de seis mil muertos según cifras oficiales. ¿Te acuerdas de esa story? ¿Te acuerdas de quién la subió? Nadie se acuerda. El duelo digital tiene fecha de caducidad de cuarenta y ocho horas.
Ahora mira el contraste. Mientras el hashtag de Venezuela ya se había apagado, un grupo de rescatistas mexicanos seguía cavando en La Guaira. Los Topos Azteca estuvieron cuarenta y un días ahí, voluntarios, sin sueldo, financiados por donaciones. El 12 de agosto llegaron a Cali directo desde los escombros venezolanos. La otra brigada, los Topos de Tlatelolco, decidió no viajar porque Colombia les respondió que ya tenía suficientes manos certificadas. Su vocero explicó algo que deberíamos tatuarnos: hay grupos que llegan a tomarse fotos, y "lo prioritario debe ser trabajar y no buscar protagonismo".
Uno de los grupos fue sin cámara. El otro no fue, también sin cámara. Ninguno de los dos necesitó anunciarlo para que contara.
La psicología tiene nombre para el otro lado de esa moneda: slacktivism, o activismo de sofá. Es el apoyo que no cuesta nada pero se siente como si hubieras hecho algo. En 2014, tres investigadores publicaron en el Journal of Consumer Research un experimento sencillo. A unos estudiantes les ofrecieron un pin de apoyo a los veteranos. A la mitad se lo prendieron en la ropa, visible. A la otra mitad se lo dieron en un sobre cerrado, para llevar. Metros después, a todos les pidieron donar.
Los del pin visible donaron alrededor de un sesenta por ciento menos que los del sobre. Otro estudio encontró que solo prometerle reconocimiento público a alguien reducía casi un veinte por ciento la probabilidad de que donara.
La explicación es incómoda y es esta: cuando el gesto es público, tu cerebro ya cobró el pago. Los likes, la imagen de persona sensible, el "qué bonito lo que escribiste". La cuenta quedó saldada y no hay deuda pendiente. Cuando el gesto es privado, en cambio, lo único que te queda es la coherencia con lo que dices creer. Y esa sí empuja a actuar.
Pero hay algo peor que la inacción, y es el segundo efecto. El que publica no solo se siente en paz: empieza a medir a los demás. "¿Viste que ni siquiera puso nada?" Ahí nació una vara de medir que no existía.
Jesús contó una parábola exactamente para esto. Lucas dice que la dirigió a "unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros". Dos hombres suben al templo. El fariseo, de pie, ora consigo mismo y enumera su currículum espiritual: ayuno, diezmo, no soy como los demás. El publicano no puede ni levantar los ojos. Solo pide misericordia.
El que bajó a su casa justificado fue el segundo.
Y en Mateo 6, Jesús es todavía más directo sobre lo nuestro: "no hagas tocar trompeta delante de ti… para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa". Piénsalo. La trompeta de aquella época y el post de esta cumplen la misma función: anunciar. Y la frase más dura de todo el pasaje es esa última: ya tienen su recompensa. No es una amenaza. Es un recibo. Cobraste completo. Los likes fueron tu salario y no queda nada por pagar arriba.
Entonces no borres tu story. Ora, de verdad. Pero que la oración te cueste algo: diez minutos de rodillas, no diez segundos de diseño. Dona sin etiquetar a nadie. Manda el dinero a una iglesia o una organización que ya esté en el terreno. Llama al primo que tiene familia en Pereira.
Y la próxima vez que alguien de tu círculo no publique nada, no asumas que no le importa. Asume que quizás está haciendo algo que tú no vas a ver nunca.
Porque las personas que más han hecho por Colombia esta semana no aparecen en tu feed. Están cansadas, sucias y calladas.







