Romanos 14:1 (NTV) Acepten a los creyentes que son débiles en la fe y no discutan acerca de lo que ellos consideran bueno o malo.

 

El apóstol Pablo escribe esta exhortación a la iglesia en Roma, una iglesia ubicada en la capital del Imperio Romano, un imperio poderoso que se extendía por todo el mundo conocido en aquella época. Esta iglesia estaba siendo entrenada, enseñada y formada por Pablo, y una de las recomendaciones que él enfatiza es que tengan cuidado con el juicio entre creyentes.

 

Pablo les advierte claramente que no estén juzgando a los creyentes por lo que consideran bueno o malo. Su instrucción es directa: acepten a todos. Acepten a todos, independientemente de que piensen diferente. Si algo para algunos es bueno y para otros no lo es tanto, eso no debe convertirse en motivo de rechazo, de alejamiento ni de división dentro de la iglesia.

 

En lugar de rechazar, aislar o mostrar desprecio, el apóstol Pablo dice: acéptenlos, abrázenlos, permitan que entren. No los expulsen ni los hagan sentir menos. Su llamado es a la inclusión y al amor dentro del cuerpo de Cristo.

 

Pablo pone un ejemplo muy claro relacionado con la comida. Dice que algunos consideran que comer solamente verduras es bueno, mientras que otros comen de todo y consideran que eso también es bueno. La enseñanza es clara: no desprecien, no rechacen ni juzguen a quienes piensan diferente. Si alguien cree que comer ciertas cosas es malo y otras buenas, eso no debe ser motivo de condena.

 

En cuanto a la fe, Pablo enseña que mientras estemos de acuerdo en los puntos doctrinales fundamentales, las diferencias de opinión sobre lo que es correcto o incorrecto en aspectos secundarios no deberían causar divisiones entre nosotros. Esta enseñanza sigue siendo totalmente vigente hoy en día.

 

Actualmente vemos este problema con mucha frecuencia. Hay personas que consideran correcto que las mujeres usen solo faldas, mientras que otros consideran normal usar pantalón, ropa deportiva o diferentes estilos de vestimenta. Frente a estas diferencias, el apóstol Pablo es claro: acepten a los creyentes, no los juzguen, no los rechacen, no los condenen ni se pongan a pelear con ellos.

 

Romanos 14:1 nos recuerda: “Acepten a los creyentes que son débiles en la fe y no discutan acerca de lo que ellos consideran bueno o malo”. Para algunas personas ciertas cosas son buenas y para otras no lo son, pero eso no nos da autoridad para juzgar, criticar o condenar a los más débiles en la fe.

 

Debemos entender que cuando una persona empieza a asistir a la iglesia, cuando recién se está integrando, no podemos pretender que cambie su manera de ser de forma inmediata. Es probable que siga vistiendo, hablando y comportándose como lo ha hecho durante años, porque apenas está comenzando su proceso espiritual.

 

Hoy en día el juicio es muy fácil de emitir. Es fácil criticar a alguien por su forma de vestir o de hablar sin saber si esa persona recién se está acercando a Dios. En lugar de rechazarla, la Biblia nos llama a aceptarla. El juicio, la crítica y la murmuración son pecado, y tristemente muchas veces vienen de personas que se consideran maduras en la fe.

 

Hay personas que, por sus años en la iglesia o su experiencia, creen que eso les da autoridad para juzgar. Critican, señalan y murmuran acerca de aquellos que piensan diferente o de los que apenas están comenzando su caminar espiritual, olvidando completamente el llamado bíblico a la gracia y a la paciencia.

 

La reflexión de este devocional es clara: examinarnos a nosotros mismos. ¿He juzgado recientemente a alguien en la iglesia? ¿He criticado su manera de vestir, de hablar, de comer, la música que escucha o su forma de vivir la fe?

 

No todos los procesos son iguales. Hay personas que al llegar a la iglesia dejan inmediatamente todo tipo de vicios, mientras que otras necesitan tiempo, acompañamiento y paciencia. En lugar de rechazarlos, debemos permitir que crezcan y maduren.

 

ORACIÓN

 

 

Padre celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, te damos gracias por la oportunidad que nos das de aprender de tu Palabra, de meditarla y reflexionar en ella. Hoy también te pedimos perdón por aquellas ocasiones en las que hemos juzgado, criticado o murmurado acerca de personas que se comportan de manera diferente en la iglesia.

 

Reconocemos, Dios, que detrás de cada persona hay un proceso, y que no es fácil lograr que alguien llegue a una congregación como para luego rechazarlo o juzgarlo. Perdónanos, Señor, si hemos sido piedra de tropiezo, si hemos hablado mal o señalado a otros.

 

Permítenos manifestar verdadera madurez espiritual, una madurez que se refleja en la tolerancia, la paciencia, la benignidad, la bondad, el amor y la mansedumbre. Ayúdanos a entender que no nos llamaste a ser jueces, sino hijos y hermanos.

 

Oramos también por aquellas personas que recientemente se están integrando a una congregación. Dales fuerza, paciencia y consuelo si alguna vez fueron criticados, juzgados o rechazados. Y enséñanos a nosotros, que llevamos más tiempo conociéndote, a aceptarlos y abrazarlos con amor.

 

Gracias por este devocional y por permitirnos aprender de tu Palabra. Oramos en el nombre de Jesús de Nazaret.

 

Amén y amén.

 

¡Bendiciones!