Colosenses 2:6 (NTV) Por lo tanto, de la manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, ahora deben seguir sus pasos.
¿Y cuál es ese siguiente nivel? La Biblia nos enseña que no es suficiente solamente con creer en Jesucristo para que nuestra vida cambie y sea transformada. Creer en Él es el inicio, es el primer paso, pero no el final del camino.
Nosotros creemos en Jesucristo, lo aceptamos como Señor y Salvador, y hacemos una declaración pública de fe. Esa declaración la hacemos voluntariamente, audiblemente y, muchas veces, delante de otras personas. Declaramos que creemos en su muerte, en su sacrificio y en el pago que hizo por nuestros pecados.
Creemos que Él tomó nuestro lugar, que la condenación que era para nosotros cayó sobre Él en la cruz. Creemos que su muerte nos abrió la puerta a la vida. Él se hizo maldición para que nosotros fuéramos bendición. Él llevó nuestros dolores para que nosotros recibiéramos sanidad.
También creemos que Jesús experimentó la separación de Dios cuando dijo en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Él sufrió esa separación para que nosotros nunca más tengamos que vivir alejados del Padre, sino para que fuéramos adoptados como hijos.
Todos estos son beneficios gloriosos que llegaron por medio de la obra del Señor Jesucristo. Y entre todos ellos, el mayor beneficio es la vida eterna. Ya no hay condenación para quienes creen en Él.
Sin embargo, la Biblia dice algo más. Nos enseña que así como lo recibimos, también debemos seguir sus pasos. “Por lo tanto, de la manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, ahora deben seguir sus pasos.”
Ese es el siguiente nivel, queridos. No basta con aparecer una vez en la iglesia, hacer una declaración de fe y luego desaparecer del escenario cristiano. La fe verdadera continúa caminando.
Ahora toca aprender. Ahora toca crecer. Ahora toca seguir los pasos de Jesús, conocer sus enseñanzas, estudiar lo que dijo, observar cómo vivió y entender el ejemplo que dejó para cada uno de nosotros.
Seguir a Jesús no es una tarea de una semana, de un mes o de unos cuantos meses. Es un caminar constante. Es una forma diaria de vivir. Es un estilo de vida que se desarrolla durante todos nuestros días.
Por eso necesitamos ser enseñados, entrenados y discipulados. Necesitamos recibir dirección, aprender la palabra de Dios, ser guiados y corregidos cuando sea necesario. Ese crecimiento no sucede por accidente; requiere intención y compromiso.
El siguiente nivel consiste en no quedarse estancado espiritualmente. Consiste en avanzar, madurar y continuar caminando con Cristo.
Por eso la invitación para cada uno de ustedes es esta: atrévanse a ir al siguiente nivel de sus vidas. No se detengan. No trunquen el proceso. No se conformen solamente con haber comenzado. Dios tiene más crecimiento, más formación y más propósito para ustedes.
ORACIÓN

Padre celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, te damos gracias por esta oportunidad que nos das de escuchar tu palabra y aprender por medio de ella.
Hoy nos has mostrado cuál es el siguiente paso que debemos dar. Entendemos que el primer paso es creer en el Señor Jesús, aceptarlo como Salvador, pero también comprendemos que el siguiente nivel es seguir sus pasos, aprender de sus enseñanzas y vivir conforme a su ejemplo.
Padre celestial, gracias porque esto nos llena de esperanza. Nos haces ver que todavía hay más para nosotros, que aún no lo hemos alcanzado todo y que nuestra tarea es seguir avanzando y seguir creciendo.
Por lo tanto, ponemos en tus manos a cada persona que ya ha creído y confesado al Señor Jesucristo. Te pedimos que también estén dispuestos a ir al siguiente nivel de sus vidas, caminando tras las huellas de Jesús.
Bendice a cada creyente y fortalece a cada persona. Sabemos que en el camino aparecerán dificultades: enfermedad, soledad, traición, abandono, escasez y pruebas. Pero también sabemos que quien decide seguir tus pasos descubrirá que tú mismo enfrentaste todas esas luchas y las venciste. Y esa misma victoria hoy la compartes con nosotros.
Oramos en el nombre de Jesús de Nazaret.
Amén y amén.
¡Bendiciones!