Juan 7:1 (NTV) Después Jesús recorrió la región de Galilea. Quería alejarse de Judea, donde los líderes judíos estaban tramando su muerte.

 

Este pasaje llama mucho la atención por el comportamiento y la manera de actuar de Jesús, que se convierte en una enseñanza directa para nuestra vida. Seguir su ejemplo es fundamental, y aquí vemos una decisión muy clara: Jesús recorrió la región de Galilea y decidió permanecer allí, manteniéndose a cierta distancia de Judea.

 

La razón era evidente. En Judea, los líderes religiosos estaban tramando su muerte, y Jesús, con pleno conocimiento de esa situación, decidió alejarse de ese lugar. No era una casualidad ni una reacción impulsiva, sino una decisión consciente.

 

Jesús se encontraba en Galilea, donde estaban sus hermanos y muchas personas que lo conocían. Era un lugar familiar, donde había pasado tiempo anteriormente. Mientras tanto, en Judea se celebraban las grandes fiestas religiosas, y era precisamente el tiempo de una de esas celebraciones importantes.

 

Sus hermanos se sorprendieron al verlo en Galilea y no en Judea. Ellos lo animaban a ir a Judea para aprovechar la multitud y manifestar sus obras delante de todos. Le decían que, si quería hacerse conocido, debía presentarse allí, donde habría mucha gente reunida.

 

Sin embargo, Jesús actuó de manera distinta. Mientras la mayoría se dirigía a Judea, Él decidió permanecer en Galilea. Estaba yendo en contra de la corriente, tomando una decisión diferente a la del resto.

 

La razón de su decisión fue clara: Jesús quería alejarse, no esconderse. Esto es importante entenderlo, porque alejarse no significa actuar con miedo. Jesús no estaba atemorizado ni escondiéndose de los líderes religiosos.

 

Él no se apartó porque tuviera temor, sino porque percibía el peligro. Jesús mostró sabiduría al distanciarse de un ambiente donde había hostilidad, rechazo y una intención directa de hacerle daño.

 

Esto nos enseña algo muy importante. Hay momentos en los que la sabiduría consiste en saber cuándo alejarse de ciertos lugares o entornos. No siempre estamos llamados a permanecer en todos los espacios, ni a formar parte de todos los círculos sociales o familiares.

 

Jesús comprendió que no era necesario exponerse constantemente a un ambiente adverso. Él se separó de un lugar donde no era bien recibido, donde su mensaje era cuestionado y donde existía una intención negativa hacia Él.

 

Esto también aplica a nuestra vida. No estamos obligados a permanecer en lugares donde hay crítica constante, rechazo o un ambiente hostil. Hay espacios donde las personas no valoran lo que somos ni lo que representamos.

 

Puede tratarse de círculos sociales, amistades o incluso ambientes familiares donde hay burlas, críticas o comentarios negativos. Permanecer en ese tipo de lugares puede resultar dañino y desgastante.

 

Es sabio aprender a tomar la decisión de alejarse cuando notamos que el ambiente no es saludable. No se trata de huir por miedo, sino de actuar con discernimiento, tal como lo hizo Jesús.

 

Jesús no se apartó por temor, sino porque percibió que ese no era el momento ni el lugar adecuado para estar. Él entendió que no era compatible con ese entorno y que ese entorno tampoco era compatible con su propósito.

 

Esto nos lleva a una pregunta importante: ¿Has notado algún círculo donde no eres compatible con las personas que están allí? ¿Has percibido un ambiente donde no eres bien recibido?

 

Algunas señales pueden ayudarnos a identificarlo: cuando hay sarcasmo constante, cuando observan cada uno de tus movimientos, cuando cuestionan lo que haces o cuando hablan de ti en tu ausencia. Ese tipo de actitudes reflejan un ambiente que no es favorable.

 

No es un lugar donde puedas crecer ni desarrollarte con tranquilidad. Por eso, es sabio aprender a alejarse de los espacios que no nos convienen, siguiendo el ejemplo de Jesús.

 

ORACIÓN

 

 

Padre celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, te damos gracias por la oportunidad que nos das de aprender de tu palabra y del ejemplo de Jesús. Señor, vemos que tú no estuviste abierto a permanecer en todos los lugares, sino que, con discernimiento, te alejaste de aquellos ambientes que no eran convenientes.

 

Aunque otros te insistían en que fueras a ciertos lugares, tú supiste reconocer cuándo era mejor apartarte. Ese mismo discernimiento queremos para nuestra vida. Danos sabiduría para percibir dónde no somos recibidos de la mejor manera y para no insistir en permanecer en esos espacios.

 

Ayúdanos a seguir tu ejemplo y a caminar con prudencia, sabiendo cuándo es necesario alejarnos para proteger nuestro corazón y nuestro propósito. Padre celestial, ilumina a cada persona que escucha este mensaje. Muéstrales con claridad qué círculos deben evaluar y dónde es necesario tomar decisiones sabias.

 

Ponemos en tus manos a cada persona que se ha identificado con este mensaje y pedimos que les concedas la sabiduría para decidir dónde estar y dónde no estar.

 

Oramos en el nombre de Jesús de Nazaret.

 

Amén y amén.

 

¡Bendiciones!