1 Tesalonicenses 1:10 (NTV) También comentan cómo ustedes esperan con ansias la venida, desde el cielo, del Hijo de Dios, Jesús, a quien Dios levantó de los muertos. Él es quien nos rescató de los horrores del juicio venidero.

 

Este pasaje nos habla de una iglesia que no solo había sido transformada, sino que vivía con una expectativa constante: el regreso de Jesucristo. El apóstol Pablo escribe a los tesalonicenses reconociendo su fe, su testimonio y la manera en que su vida había impactado a otros.

 

Había algo que llamaba especialmente la atención: la forma en que hablaban del regreso de Jesús. No era un tema secundario ni ocasional, sino una convicción viva que marcaba su manera de pensar, de vivir y de expresarse.

 

La iglesia de Tesalónica esperaba con ansias el retorno del Señor. Esto resulta aún más impactante cuando entendemos que apenas habían pasado unas décadas desde la muerte y resurrección de Jesús. Aun así, vivían con una expectativa activa, como si su regreso pudiera ocurrir en cualquier momento.

 

Este tema era tan relevante en la iglesia primitiva que incluso surgieron interpretaciones entre los discípulos. Por ejemplo, se llegó a pensar que el apóstol Juan no moriría antes del regreso de Jesús.

 

Esto se basaba en un episodio donde Jesús, después de resucitar, habló con Pedro sobre su futuro. Le dio a entender cómo sería su final, y en ese momento Pedro, al ver a Juan detrás, preguntó: “¿Y qué hay de él?”

 

La respuesta de Jesús fue directa: “¿Y a ti qué? Si quiero que él permanezca hasta que yo regrese, ¿qué te importa?” Con estas palabras, Jesús no estaba afirmando que Juan no moriría, sino enseñando a Pedro a enfocarse en su propio llamado.

 

Sin embargo, muchos interpretaron estas palabras como una señal de que Juan permanecería vivo hasta el regreso de Cristo. Este pensamiento se extendió entre los primeros creyentes, quienes medían el tiempo del retorno de Jesús según la vida del apóstol.

 

Aunque Juan fue, en efecto, el último de los apóstoles en morir tras vivir sus últimos años en la isla de Patmos, la enseñanza real no era establecer una fecha, sino mantener viva la expectativa.

 

Lo importante aquí es entender que los primeros creyentes vivían con un profundo anhelo por el regreso del Señor. A pesar de las persecuciones, las dificultades y la presión del Imperio romano, su esperanza estaba firme en esa promesa.

 

Y esto nos lleva a una reflexión directa: si ellos esperaban con tanta intensidad el retorno de Jesús en medio de circunstancias difíciles, cuánto más nosotros deberíamos vivir con esa misma expectativa.

 

Hoy en día, este tema no se menciona con la misma frecuencia ni con la misma pasión. Se ha vuelto distante, poco hablado e incluso olvidado en muchos contextos. Sin embargo, la Biblia nos recuerda que este es un evento real, una promesa vigente. El regreso de Jesucristo no es solo una doctrina, es una esperanza viva que debe despertar nuestra fe. Es un llamado a mantenernos preparados, conscientes y expectantes.

 

Por eso, este devocional busca precisamente eso: despertar la conciencia y recordar que su retorno es una realidad que debemos anhelar. Todo está dispuesto, y nuestra actitud debe ser la de una espera activa, llena de fe y esperanza.

 

ORACIÓN

 

 

Padre celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, te damos gracias por la oportunidad de acercarnos a tu palabra y aprender de ella. Señor, reconocemos que cada mensaje que recibimos ha sido inspirado por tu Espíritu Santo, y hoy hemos reflexionado en la importancia de vivir con expectativa por tu regreso.

 

Gracias porque nos has rescatado del juicio venidero y nos has dado una esperanza firme. Hoy entendemos que así como los primeros creyentes esperaban con ansias tu retorno, nosotros también debemos vivir con esa misma convicción.

 

Señor, después de tantos años de historia, seguimos creyendo en tu promesa. Sabemos que tu regreso es real y que forma parte del cumplimiento de tu palabra.

 

Te esperamos con anhelo, con fe y con los brazos abiertos. Que esta esperanza se mantenga viva en nuestros corazones y que nunca perdamos la expectativa de tu venida.

 

Bendecimos a cada persona que escucha este mensaje, y pedimos que la esperanza sea renovada en aquellos que la han debilitado o perdido.

 

Oramos en el nombre de Jesús de Nazaret.

 

Amén y amén.

 

¡Bendiciones!