Romanos 16:7 (NTV) Saluden a Andrónico y a Junias, mis parientes, quienes estuvieron en la cárcel conmigo. Ellos son muy respetados entre los apóstoles y se hicieron seguidores de Cristo antes que yo
El apóstol Pablo escribe esta carta a los romanos en sus palabras finales, justo antes de despedirse. En este cierre, él envía saludos a varias personas que marcaron su caminar y su ministerio. Entre ellas menciona a Andrónico y a Junias, dos personas que conocieron al Señor Jesucristo, fueron seguidores fieles y, además, compartieron con Pablo la experiencia de la cárcel.
La vida del apóstol Pablo fue una vida de gran impacto en la sociedad y en el tiempo en el que vivió. Ese impacto no fue casual, sino el resultado de su entrega total, de la pasión con la que predicaba el Evangelio, de su disciplina, de su disposición y de su determinación. Pablo había descubierto su propósito y decidió cumplirlo sin importar las circunstancias.
Nada logró detenerlo. No lo detuvieron las amenazas, no lo detuvieron los azotes, los castigos ni siquiera la cárcel. Estuvo preso en más de una ocasión antes de la prisión final, donde finalmente fue ejecutado, y aun así nunca dejó de cumplir el llamado para el cual entendía que había sido creado.
La Biblia nos narra en el libro de los Hechos un episodio poderoso que refleja esta actitud. Estando Pablo y otros presos, a la medianoche, lejos de estar tristes o desanimados, estaban alabando y adorando a Dios. Entonces ocurrió un terremoto, las cadenas se rompieron y las puertas de la cárcel se abrieron, mostrando cómo Dios intervenía de manera sobrenatural. Aun después de haber vivido experiencias como esta, Pablo nunca se detuvo ni abandonó su misión.
Sin embargo, en este devocional la atención se centra especialmente en Andrónico y Junias. Pablo los menciona en Romanos 16:7 y destaca varias características importantes: eran judíos como él, servidores del Señor Jesucristo, estuvieron presos con él y, además, conocieron y siguieron a Cristo antes que él.
Estos dos hombres también lo dieron todo por Cristo. Estuvieron dispuestos a ir a la cárcel por causa del nombre del Señor Jesucristo y su vida tuvo impacto en favor del Reino de los cielos dentro de la sociedad en la que vivieron.
No obstante, existe una diferencia clara entre ellos y el apóstol Pablo. Aunque Andrónico y Junias conocieron a Cristo antes, fueron fieles y comprometidos, el impacto del apóstol Pablo fue mayor. Esto nos enseña que hay llamados distintos y niveles distintos de entrega, pasión y determinación.
De aquí surge la reflexión central de este devocional: hay llamados y hay llamados. Por eso es importante asegurarnos de que nuestra vida sea de gran impacto dentro de la sociedad en la que vivimos, especialmente en tiempos tan cambiantes como los actuales, donde el dinamismo del mundo global hace que todo cambie en muy poco tiempo.
En un mundo que se transforma rápidamente, nuestra vida debe marcar una diferencia en favor del Reino de los cielos. No se trata solo de ser uno más entre millones de creyentes, sino de decidir que nuestra vida refleje entrega, pasión, disciplina y determinación, como lo hizo el apóstol Pablo.
Pablo reconoció el valor de Andrónico y Junias, pero su propia vida generó un impacto mayor debido a su nivel de compromiso. Estas características deben definirnos y distinguirnos: usar lo que tengamos a nuestro alcance, ser disciplinados, entregados y decididos a impactar el Reino de Dios y a las personas y familias que nos rodean.
Usa los medios que estén disponibles, haz lo que tengas que hacer, pero asegúrate de que tu vida sea de gran impacto para el Reino de Dios. Que tu historia deje huella, así como la dejó la vida del apóstol Pablo.
ORACIÓN

Padre celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, te damos gracias por la oportunidad que nos das de estudiar tu Palabra y recibir un mensaje tuyo. Te pedimos que nuestra vida sea de gran impacto, así como lo fue la vida del apóstol Pablo.
Sabemos que no podemos hacer exactamente lo que él hizo. Es asombroso ver cómo escribió tantos libros, fundó iglesias, formó pastores y discípulos. Ese llamado fue específico para él, pero hoy, en las condiciones y en la sociedad en la que vivimos, te pedimos que nos permitas impactar de manera significativa.
Señor, que nuestra vida sea de gran impacto para el Reino de los cielos. Ayúdanos a influir en las personas usando lo que esté a nuestro alcance y a vivir con pasión, disciplina, entrega, dedicación y perseverancia.
Que no nos rindamos ni nos detengamos ante las dificultades. Así como al apóstol Pablo no lo detuvieron los castigos, los azotes, los juicios ni la cárcel, ayúdanos a permanecer firmes y llenos de tu Espíritu Santo.
Oro para que cada persona que está escuchando este devocional decida vivir una vida de gran impacto. Que ponga su vida como un sacrificio vivo delante de Ti. Gracias, Dios, por ayudarnos siempre y por traer esperanza a nuestro corazón a través de estos devocionales.
Oramos en el nombre de Jesús de Nazaret.
Amén y amén.
¡Bendiciones!