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Una Seรฑal Celestial

๐‘ซ๐‘ฌ๐‘ฝ๐‘ถ๐‘ช๐‘ฐ๐‘ถ๐‘ต๐‘จ๐‘ณ: ABANDONA LO QUE DA SEGURIDAD

Mateo 14:28 NTV
 
Entonces Pedro lo llamó:
 
—Señor, si realmente eres tú, ordéname que vaya hacia ti caminando sobre el agua.
Este versículo, seguramente cuando lo lees, te recuerda el momento en el que Pedro estaba hablando directamente con Jesús después de una gran tormenta, que estaba azotando la barca donde ellos se encontraban y en su desesperación clamaron y pidieron por auxilio. 
 
Pedro no estaba probando a Jesús cuando le dijo permite que yo camine sobre el agua, él no lo estaba probando a ver si era Jesús, él no estaba probando a ver si Jesús tenía poder para hacer algo sobrenatural. Él estaba rogándole a Jesús, y estaba rogando porque la barca estaba siendo azotada, estaba a punto de hundirse y dar pasó sobre un mar tormentoso, no es una acción lógica, pero él pide en su desesperación.
 
Eso es lo que quiero enseñarte en el día de hoy, aprende a soltar lo que te da seguridad para poder avanzar hacia tu Señor, para que te abrace, para que te reciba. Hoy quiero enseñarte lo importante que es, salir del lugar que te da seguridad, porque tarde o temprano aquello en lo que te apoyabas, que te daba seguridad, va a ser azotado por las olas; si tú te apoyabas, por ejemplo, para tu seguridad en tus finanzas, en la cantidad que tienes ahorrado, en las inversiones que tienes en una propiedad, en los intereses que estás ganando, en la inversión que hiciste en la bolsa de valores.
 
Si tú estás apoyado en esa seguridad, yo quiero decirte que tarde o temprano te tendrás que soltar de eso que te da seguridad para poder venir a Jesús directamente; hay cosas que no te permiten venir a Jesús.
 
La barca, en este caso, representa el lugar en lo que nos apoyamos continuamente, el lugar donde nosotros estamos refugiados, mientras que todo está bien, pero cuando empiezan a azotar las olas, cuando amenazan con hundir nuestra barca, nuestra seguridad, es entonces cuando podemos venir a Jesús y decirle -Señor, permíteme ir a ti, en este momento de dolor, de angustia, he soltado mi seguridad.
 
Yo confiaba en mi dinero, yo confiaba en mis fuerzas, yo confiaba en mis habilidades, yo confiaba en mis capacidades, pero hoy las suelto. Yo confiaba en mis amigos, yo confiaba en los que me rodeaban, en la gente que estaba cerca de mí, pensaba que en ellos iba a encontrar ayuda en algún momento cuando lo necesitara. 
 
Pero Señor, ¿sabes?, no lo he encontrado, ellos me fallaron, me falló el dinero, me fallaron mis capacidades, mis habilidades, me falló la gente que estaba a mi alrededor y hoy mi barca se está hundiendo; hoy lo que me daba seguridad con esas amistades que estaban rodeándome en las cuales yo sentía que estaba seguro, hoy se está hundiendo, Señor, manda a que yo pueda ir hacia ti.
 
Nosotros hacemos lo mismo, vamos a Cristo en la hora de la más profunda necesidad; es ahí cuando nosotros le buscamos, es ahí cuando nos acordamos de su nombre, de su presencia, abandonamos la barca de las buenas obras, porque a veces estamos tan confiados en ella. 
 
Señor, déjame venir sobre ti, déjame venir hacia ti, hoy suelto mi barca, hoy suelto mi seguridad, mi trabajo me da cierta seguridad, mi capacidad me da cierta seguridad, mis amigos me dan cierta seguridad. En esta barca estoy seguro, pero Señor, yo voy hacia ti y suelto mi seguridad. Hoy voy hacia ti, suelto mi seguridad porque tú eres el único en el que puedo descansar confiadamente.
 
Pedro lo hizo sobre las aguas, tú lo vas a hacer encima del confort, caminando encima de la comodidad; porque salir y buscar a Dios el domingo, ir a la iglesia requiere o implica pisotear tu comodidad, pisotear tu tranquilidad. Tú vas a pisotear o pisar, no sobre las aguas, vas a pisar sobre tu comodidad, vas a pisar sobre lo que te da seguridad, vas a pisar sobre aquello que te impide llegar a Jesús.
 
ORACIÓN
 
Padre, en el nombre del Señor Jesucristo de Nazaret, hoy quiero darte las gracias por la oportunidad que nos has dado de escuchar y meditar en tu Palabra Dios. 
 
Cuando el apóstol Pedro, pidió ir sobre ti y hacia ti, cuando él pidió acercarse a ti, no era porque te estaba probando, era porque su barca se estaba hundiendo y es ahí, en la más profunda de nuestras necesidades, cuando también nosotros vamos hacia ti clamamos, cuando nuestra barca se empieza a hundir, cuando hemos estado tanto tiempo seguros en esa barca que representa nuestra comodidad, nuestras buenas obras, la seguridad del dinero y del trabajo. 
 
Cuando la gente está segura con un trabajo estable, cuando la gente está segura, con una entrada financiera constante, con un ahorro, con su salud que no está deteriorada, que están firmes, que están seguros ahí, están y continúan en su barca, pero es hasta que la barca empieza a ser azotada, empieza a debilitarse. 
 
Yo hoy vengo con todo y mis capacidades, mis talentos, mis seguridades, mis ahorros, mi buena salud, mis buenos amigos, mis buenos hermanos. Con eso vengo y te digo Señor, permíteme venir a ti, permíteme estar contigo, permíteme tener tu presencia, tu compañía, permíteme ser o hacerte a ti el capitán de mi barca.
 
Permíteme hacerte mi guía, mi mentor, mi líder, permíteme soltarme en tus brazos, permíteme, seguir tomado de tu mano Dios, porque el crecimiento que he tenido ha sido por ti, y no voy a llegar a ningún otro lado si no es por ti.
 
Sígueme llevando a mí y a mi familia, te entrego mi vida, te entrego, mis capacidades, te entrego mis talentos, te entrego mis ahorros, te entrego lo que es tuyo y te pertenece, la gloria, la honra que te entrego todo, porque es tuyo y te pertenece.
 
Dios, gracias por tu hermosa presencia, permítenos correr a ti, este fin de semana, permítenos llegar a tus brazos, pisar encima de nuestra comodidad, pisar encima de nuestra frialdad. Gracias mi Padre. 
 
En el nombre del Señor Jesucristo de Nazaret oramos. 
 
Amén y amén.

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