Alfa 103.9FM
Una Señal Celestial

𝑫𝑬𝑽𝑶𝑪𝑰𝑶𝑵𝑨𝑳: UN DIOS QUE ME PERSIGUE

Qué manera tan sorprendente de describir a Dios, ¿Te atreves a visualizar a un Dios que se mueve? ¿Un Dios activo, que nos sigue, que nos busca, que va tras nosotros con bondad y misericordia todos los días de nuestra vida? ¿Te atreves a pensar en un Dios de esa magnitud, con esas características? Pues ese es el Dios que describe la Biblia.

 

Eso es lo que se dice en Salmo 23:6, ‘Ciertamente tu bondad y tu amor inagotable me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor viviré por siempre.’ Un Dios que nos sigue, un Padre que nos persigue, un Señor que va tras de nosotros, que, con su bondad y su amor inagotable, todos los días están tratando de alcanzarnos. 

 

A veces las personas se quejan y dicen es que yo no lo veo, yo no lo siento, es que yo no lo escucho, es que yo oro y no tengo respuesta a mis oraciones. No es tan difícil de encontrar, es Él el que nos sigue, el que nos persigue; lo vemos de hecho en la Biblia en busca de Adán y Eva, cuando están escondidos entre los arbustos, en parte para cubrirse del pecado y en otra parte para cubrir su cuerpo que estaba desnudo.

 

Y entonces, Dios es el que va a buscarlos a ellos, ellos ni siquiera esperaban que viniera Dios; no son ellos los que van a buscar a Dios. Yo no veo en la Biblia que sean ellos los que tomen la iniciativa de decir a ver, pues voy a ir a buscar a Dios porque me equivoqué, porque yo fallé, porque me di cuenta de que estoy desnudo, porque el pecado me alcanzó. No, ellos no toman la iniciativa de ir a buscar a Dios.

 

Desde ahí, emprende Dios esa lucha por redimir el corazón del hombre, rescatar el corazón del hombre, restablecer el corazón del hombre, sanar el corazón del hombre y de la mujer. En esa lucha sigue por sus hijos hasta el día de hoy, para que sus hijos en algún punto o momento lo sigamos a Él.

 

Dios que nunca se cansa de perseguirnos, el libro de los Salmos, 23:6 dice ‘Ciertamente tu bondad y tu amor inagotable me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor viviré por siempre.’

 

Yo me siento un bendecido, y no un afortunado; porque todos los días mi Padre me persigue, todos los días con su bondad y con su amor inagotable. Él me busca todos los días, desde que me levanto en la mañana siento su amor, siento su cariño, siento su cuidado, siento su protección, salgo de mi casa y ni siquiera le tengo que decir guárdame y protégeme, porque ya siento que Él está ahí, cuidando y rodeando mi vehículo. 

 

 

El Señor vive en mi corazón todos los días, y yo vivo en el corazón de Él todos los días, está presente en mi mente, en mis pensamientos durante el día, y yo también estoy presente en la mente de Él, en sus pensamientos durante todo el día. Ahí estoy con él, mi hijo necesita de mi amor, de mi cariño, de mi cuidado, aquí estoy con Él. 

 

Cuando esos pensamientos negativos sobre Dios vengan a tu mente, desechalos de inmediato, porque es Él quien te busca. Siéntete en la posición de Adán y Eva; Él baja y desciende a tu huerto y te grita y te dice ¿Dónde estás? Te estoy buscando. Y la razón por la cual te busca, es para redimirte, es para rescatarte, es para sanar tu corazón, sanar y vendar las heridas que han sido causadas por el dolor, por el engaño, por el rechazo, por la traición.

 

Todo lo que las personas han hecho en contra tuya, Dios te está buscando para sanarte, para sanar tu corazón y antes de terminar y antes de ir a orar; hablando de sanidad, quiero decirte que esta es una de las formas en que Dios te busca, el que tu estés escuchando este devocional, Dios te está buscando míralo de esa manera.

 

Hoy Él te dice ¿dónde estás? Ahora mismo probablemente estás solo y él te dice ¿Dónde estás?, que no te veo, y tal vez tú estás alejándote, escondiéndote o pensando que Él no está interesado en tus situaciones, en las problemáticas, y él vuelve y te dice ¿dónde estás? Estoy buscándote con mi amor, con mi amor inagotable.

 

No estoy tras de ti para castigarte, no estoy tras de ti para condenarte, estoy tras de ti para darte mi amor, para darte mi bondad.  Si tú estás ahora leyendo esta palabra, este devocional, entonces Él te está buscando para sanar y vendar las heridas de tu corazón. 



ORACIÓN

 

 

Padre, en el nombre del Señor Jesucristo de Nazaret, hoy quiero darte las gracias por esa oportunidad que nos das de escuchar tu Palabra. 

 

Es maravilloso, saber y aprender que eres un Dios que nos persigues, que por medio de tu bondad y tu amor inagotable nos sigues todos los días, y a veces pensamos nosotros que solo merecemos castigo, a veces pensamos que solamente merecemos rechazo. Pero Dios, hoy tu palabra es maravillosa, diciéndonos que tu bondad y que tu amor inagotable nos siguen todos los días de nuestra vida.

 

Hoy, te agradecemos por tal amor, es un Dios único, especial. Eres un Dios, el cual nosotros no hemos llegado a conocer en la totalidad y cada vez nos sorprendes más y más con tanto amor, con tanto cuidado, tanto cariño por nosotros. 

 

Yo te pido que cada uno de ellos Señor, pueda ser alcanzado por ti para ser sanado, para ser restaurado, para que ese corazón, no esté más sufriente, ese corazón no esté más dolido, ese corazón no esté más golpeado Dios, sino que sea vendado por ti, y se ha sanado sus heridas. 

 

Tú tienes el poder y la capacidad de hacerlo, mi Padre y Yo bendigo a cada persona que nos está leyendo.

 

En el nombre de Jesucristo de Nazaret.

 

Amén y amén.

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