Juan 11:5-6 (NTV) Aunque Jesús amaba a Marta, a María y a Lázaro, se quedó dónde estaba dos días más.
Muchas veces nosotros queremos las respuestas de Dios de manera inmediata, en el tiempo que deseamos y de la forma en que esperamos. Pensamos que Dios debería responder justo cuando más lo necesitamos, pero muchas veces Él actúa cuando quiere y conforme al tiempo perfecto que ya ha determinado. Su reloj no siempre coincide con el nuestro, pero nunca llega tarde.
Miremos el ejemplo que acabamos de leer. Lázaro estaba gravemente enfermo, y Jesús se encontraba a una distancia considerable, lejos de la región donde acostumbraba pasar tiempo con sus amigos Marta, María y Lázaro.
Estas dos hermanas le enviaron un mensaje urgente a Jesús para decirle que su querido amigo estaba muriendo. Era una petición desesperada, nacida del dolor y de la necesidad inmediata.
Sin embargo, la Biblia enseña algo sorprendente: cuando Jesús recibió el mensaje, decidió quedarse intencionalmente dos días más en el lugar donde estaba.
La pregunta es inevitable: ¿qué pudo haber sido más importante que la vida de su amigo Lázaro? ¿Qué razón había para no salir de inmediato a ayudarlo? La Escritura no nos dice que se quedó sanando enfermos, predicando multitudes o resolviendo algo aparentemente más urgente. Simplemente nos dice que se quedó allí dos días más.
Y eso es impactante, porque el texto también aclara que Jesús amaba profundamente a Marta, María y Lázaro. Es decir, su demora no fue por falta de amor, ni por indiferencia, ni por descuido.
Muchas veces nosotros interpretamos el silencio o la demora de Dios como abandono. Pero en este pasaje vemos que Jesús puede amar profundamente y, aun así, esperar antes de intervenir.
Mientras Marta y María seguramente esperaban que llegara de inmediato para resolver el problema, Jesús apareció dos días después. Para ellas parecía tarde. Pero para Dios era el momento exacto.
Cuando finalmente llegó, no solo sanó una enfermedad. Hizo algo mucho mayor: resucitó a Lázaro. Lo que parecía retraso era, en realidad, preparación para un milagro más grande. Queridos amigos, cuando Jesús no llega en el tiempo que nosotros esperamos, es porque muchas veces está preparando algo superior a lo que habíamos pedido.
Tal vez nosotros pedimos alivio, pero Él quiere traer resurrección. Tal vez pedimos una salida rápida, pero Él quiere manifestar su gloria de una manera inolvidable. No siempre entenderemos sus tiempos, pero siempre podemos confiar en sus planes.
ORACIÓN

Padre celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, te damos gracias por la oportunidad que nos das de estar conectados a tu palabra.
Hoy entendemos que cuando las respuestas no llegan en nuestro tiempo, no significa que nos hayas olvidado. Significa muchas veces que estás preparando algo mejor para nuestras vidas.
Señor, reconocemos que cuando atravesamos dificultades queremos soluciones inmediatas. Queremos respuestas rápidas, alivio instantáneo y puertas abiertas sin demora.
Pero enséñanos a confiar en tus tiempos. Así como Marta, María y Lázaro tuvieron que aprender a esperar, nosotros también necesitamos paciencia para creer que aún en el retraso, tú sigues obrando.
Tu demora, Señor, muchas veces tiene más que ver con la gloria que recibirás por el milagro que con nuestra desesperación momentánea.
Hoy oro por cada persona que está esperando una respuesta divina. Dale la paciencia suficiente para sostenerse en fe, y la confianza necesaria para creer que lo que harás será más grande de lo que imagina.
En el nombre de Jesús de Nazaret.
¡Bendiciones!