Santiago 2:1 (NTV) Mis amados hermanos, ¿cómo pueden afirmar que tienen fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo si favorecen más a algunas personas que a otras?

 

Aquí el apóstol plantea una pregunta profunda: si realmente decimos tener fe en Jesucristo, ¿cómo es posible mostrar preferencia por unas personas por encima de otras? Este es el punto central del devocional de hoy: Evita las preferencias.

 

En la sociedad actual es común tratar mejor a quienes aparentan tener más. La influencia de lo que vemos y de cómo opera el mundo afecta nuestra manera de relacionarnos. Muchas veces valoramos más el carro que alguien maneja, la ropa que usa o la cantidad de dinero que administra. Lamentablemente, esta práctica también se ha infiltrado en la iglesia.

 

Fuera de la iglesia es normal que el trato cambie dependiendo de la apariencia. Si alguien llega con un vehículo costoso o con vestimenta elegante, recibe un trato especial donde vaya. Es entendible, aunque no correcto espiritualmente, que la sociedad opere así. Pero en la iglesia no puede funcionar de esa manera. La Biblia es clara: no debemos tener preferencias.

 

Santiago confronta este problema desde hace 2000 años. En su carta explica que, en algunas congregaciones de esa época, cuando llegaba una persona adinerada, se le daban los mejores asientos y un trato exclusivo. Mientras tanto, al pobre se le relegaba, se le dejaba de pie o se le colocaba en lugares que nadie quería ocupar. El apóstol declara con firmeza que esto no debe suceder.

 

Este trato preferencial ha permeado incluso a algunas iglesias actuales. Existen lugares donde se reservan asientos para cierto tipo de personas, generalmente aquellas que aportan más económicamente. Sin embargo, la Palabra de Dios enseña que esto no es bíblico ni agradable a los ojos del Señor.

 

Santiago continúa explicando con un ejemplo directo. Si en la reunión entra alguien con ropa elegante y joyas costosas, y al mismo tiempo entra una persona pobre con ropa sencilla, ¿cómo puede ser correcto darle un asiento especial a uno y decirle al otro que permanezca de pie o se siente en el suelo? Ese comportamiento no refleja el corazón de Dios.

 

Si esto ocurría hace 2000 años, imagina hoy. En aquella época era raro encontrar personas con alto nivel económico, pues la mayoría vivía con el mismo estatus. Hoy, en cambio, existe una enorme diferencia entre niveles de ingreso. En una misma ciudad conviven personas que ganan miles de dólares al año y otras que apenas logran sobrevivir. La instrucción de Dios sigue siendo la misma: no mostrar preferencias.

 

Este principio no solo aplica para líderes o pastores, sino para todos los creyentes. No podemos valorar más a quien tiene dinero que a quien no lo tiene. En el reino de Dios, todos son iguales y tienen el mismo valor.

 

ORACIÓN

 

 

Padre Celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, te doy gracias por la oportunidad de recibir tu palabra, ser guiados y ser corregidos. Señor, reconocemos que muchas veces nos dejamos llevar por las tendencias de la sociedad, dando trato distinto a las personas basándonos en su apariencia o en sus ingresos. Reconocemos que es un error y que no es agradable delante de tus ojos.

 

Te pedimos, Señor, que nos permitas ver con los mismos ojos a la persona de mayores recursos como a aquella que tal vez aún no los tiene. Permítenos dar un trato digno a todos, un trato que nazca desde tu mirada y desde tu corazón. Haznos capaces de tener tu misma perspectiva, tu mismo amor y tu mismo entendimiento.

 

Señor, que no discriminemos ni hagamos diferencias. Que no manifestemos preferencias. Mantén nuestro corazón firme en tu carácter y enséñanos que las personas no valen por lo que tienen, sino por lo que son delante de ti. Y si son tus hijos, son profundamente valiosos.

 

Gracias, Padre. Recibimos y aceptamos esta palabra. Oramos en el nombre de Jesús de Nazaret.

 

Amén y amén.

 

¡Bendiciones!