Eclesiastés 9:9 (NTV) Vive feliz junto a la mujer que amas, todos los insignificantes días de vida que Dios te haya dado bajo el sol. La esposa que Dios te da es la recompensa por todo tu esfuerzo terrenal.
Me parece interesante descubrir en la Biblia cuál es una de las claves para la felicidad, para poder vivir la vida en plenitud, con alegría, gozo y bendición.
Tal vez te preguntes: ¿la clave de la felicidad es la presencia de Dios en nuestra vida? La respuesta es sí, por supuesto. Esa es la base fundamental. Sin embargo, humanamente hablando, hay una persona que juega un papel muy importante en nuestra felicidad y en nuestra plenitud emocional y espiritual. Por eso he titulado este devocional “La clave de la felicidad”, porque esa persona se convierte en una clave esencial para vivir con gozo.
Mira lo que está escrito en Eclesiastés 9:9: “Vive feliz junto a la mujer que amas todos los insignificantes días de vida que Dios te ha dado bajo el sol. La esposa que Dios te da es la recompensa por todo tu esfuerzo terrenal.”
Queridos amigos, este versículo es poderoso. Es un recordatorio profundo del valor del matrimonio y del papel que la esposa tiene en nuestra vida. Creo que este pasaje se ha convertido en uno de mis favoritos, porque revela que la verdadera felicidad también se encuentra en la relación con la mujer que Dios nos ha dado. Vivir felices con ellas durante todos nuestros días debería ser una experiencia maravillosa, una aventura llena de amor y propósito.
Si lo piensas bien, pasamos la mayor parte de nuestra vida junto a nuestra esposa. Te comparto mi propio ejemplo: mi esposa y yo vivimos juntos desde los 18 años, y ambos tenemos la misma edad. Eso significa que, si Dios me permite vivir 100 años, habré vivido 82 años junto a ella y solo 18 de forma independiente. Imagina pasar más de ochenta años en pareja y que esa convivencia sea un martirio, un hogar lleno de peleas, reclamos, insultos o desacuerdos constantes. Eso no sería vida.
Por eso, la clave para la felicidad está en la relación que cultivamos con nuestra esposa. Si ves mi rostro feliz, es precisamente por la esposa que amo con todo mi corazón, la mujer que Dios me dio, por quien me esfuerzo, me entrego y doy lo mejor de mí.
El Señor Jesús nos enseñó esto cuando dijo: “Amen a sus esposas como Cristo amó a la iglesia.” Ese amor es sacrificial, entrega total, dedicación incondicional. Así como Cristo dio todo por la iglesia, así debemos amar a nuestras esposas. Por eso Eclesiastés 9:9 nos recuerda que debemos vivir felices junto a ellas, porque la esposa es la recompensa de nuestro esfuerzo terrenal.
Esta parte del versículo es profundamente significativa: “La esposa que Dios te da es la recompensa por todo tu esfuerzo.” Esto significa que la esposa no solo es clave para la felicidad, sino también una recompensa divina, un premio del cielo por nuestro trabajo, fe y constancia.
Si en casa hay quejas, discusiones o reclamos constantes, quizás es momento de reflexionar: ¿qué tipo de esfuerzo hemos sembrado para obtener esa recompensa? Dios, en su sabiduría, nos concede una esposa conforme a su voluntad, y esa relación debe ser cuidada, valorada y nutrida.
Por eso te invito, a través de este devocional, a valorar la importancia de tu matrimonio. Ama a la mujer que tienes a tu lado con todas las fuerzas de tu corazón, de la misma manera en que Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella. Ese amor profundo, desmedido y sincero es la verdadera clave de la felicidad.
Las esposas, esas mujeres sabias, amorosas y llenas de gracia, son una recompensa del cielo. Son el reflejo del amor y la bondad de Dios en nuestra vida. Ellas son nuestra bendición, nuestro apoyo y nuestra alegría diaria.
ORACIÓN

Padre celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, te damos gracias por tu palabra y por la enseñanza de este día. Hemos comprendido que la clave de la felicidad está en la esposa que nos has dado, y que ella es una recompensa de tu amor y de nuestro esfuerzo.
Dios, de manera personal, te agradezco por la recompensa tan inmensa que has puesto en mis manos: una princesa tuya que me ama, me acompaña y me inspira. Gracias porque solo Tú podías obrar algo tan hermoso.
Te pido, Señor, que cada persona que lea este devocional aprenda a valorar a su esposa, a ver su matrimonio como un regalo divino y a vivir de acuerdo con tu diseño perfecto. Nos has dicho que vivamos felices con ellas, porque son la recompensa de nuestro esfuerzo terrenal.
Ayúdanos, Señor, a ser sabios, a crear memorias hermosas junto a ellas, a disfrutar cada logro y también a sostenernos mutuamente en los momentos de dificultad, tristeza o prueba. Gracias por las esposas que nos has dado, por su amor, su belleza y su fortaleza.
Tú eres un Dios bueno y justo, que sabe dar la recompensa perfecta a cada uno. Bendice a cada matrimonio que lee estas palabras, fortalécelos y cúbrelos con tu amor. Oramos en el nombre poderoso de Jesús de Nazaret.
Amén y amén.
¡Bendiciones!