Santiago 2:13 (NTV) No habrá compasión para quienes no hayan tenido compasión de otros, pero si ustedes han sido compasivos, Dios será misericordioso con ustedes cuando los juzgue.
Esto es algo que, según la Biblia, deberíamos aplicar diariamente: ser compasivos con las personas, entenderlas, ponernos en su lugar y tener empatía. Sin embargo, la sociedad se ha vuelto cada vez más intolerante hacia los demás. En cualquier ámbito, en el trabajo, en la carretera o incluso en el hogar, manifestamos con frecuencia falta de paciencia y comprensión.
Muchas veces no toleramos cómo actúan las personas, cómo piensan o lo que dicen, y reaccionamos con ira, enojo o crítica. Lo más fácil suele ser señalar o juzgar a quien no actúa como nosotros esperamos.
Por ejemplo, pensemos en una persona muy ordenada y disciplinada en su trabajo. Le gusta mantener su espacio impecable, pero comparte ese lugar con otros compañeros que no son igual de organizados. Cuando el área no queda como él la dejó, su primera reacción es criticar y acusar a los demás de irresponsables o desordenados. Y aunque, en parte, pueda tener razón, aquí es donde entra el verdadero valor de la compasión.
La Biblia enseña en Santiago 2:13: “No habrá compasión para quienes no hayan tenido compasión de otros, pero si ustedes han sido compasivos, Dios será misericordioso con ustedes cuando los juzgue.”
La compasión es un principio bíblico que se manifiesta cuando entendemos que los demás no siempre alcanzan nuestras expectativas. Ser compasivo no significa tolerar injusticias, sino comprender la condición del otro, reconocer que todos somos distintos y que cada persona enfrenta sus propias luchas. Quizás ese compañero tuvo un mal día, o está pasando por una situación difícil. Eso no nos da derecho a atacarlo, acusarlo o hablar mal de él.
Jesús fue el mayor ejemplo de compasión. Él mostró amor y misericordia por el perdido, por el desorientado, por el que había desviado su camino. Cuando se encontraba con mujeres en adulterio, personas marginadas o pecadores, no los acusaba, sino que extendía gracia y perdón. Si Cristo actuó con compasión, nosotros también debemos hacerlo.
Así que, la pregunta es: ¿Cómo reaccionas cuando las personas a tu alrededor no se comportan como esperas? ¿Los tratas con respeto y comprensión, o los criticas a sus espaldas? La Biblia es clara: “No habrá compasión para quienes no hayan tenido compasión.”
Hoy Dios nos invita a hacer de la compasión un valor diario, algo que nos acompañe y se manifieste con todos los que nos rodean.
ORACIÓN

Padre celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, te damos gracias por la oportunidad que nos das de aprender de tu palabra y recibir tu enseñanza. Señor, la compasión es un valor que se ha ido perdiendo; hoy las personas son menos tolerantes y más rápidas para señalar, criticar y juzgar. Sabemos que eso no te agrada, y queremos reflejar tu carácter en nuestro actuar.
Te pedimos que pongas en nosotros el valor de la compasión, que aprendamos a ver a los demás como un legítimo otro, a comprender sus errores, debilidades e indisciplinas sin juzgarlos. Ayúdanos a extender entendimiento y misericordia, y no crítica ni condena. Que este valor habite en nosotros, tus hijos, los que leemos tu palabra y seguimos tu ejemplo.
Esta es nuestra oración en el día de hoy, Señor, y la hacemos en el nombre de Jesús de Nazaret.
Amén y amén.
¡Bendiciones!