Juan 1:4 (NTV) La Palabra le dio vida a todo lo creado, y su vida trajo luz a todos.

 

Queridos amigos, el Evangelio de Juan inicia con una revelación poderosa sobre la Palabra, también llamada el Verbo. El texto dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.” Esto significa que la Palabra misma es Dios, y fue por medio de ella que todo fue creado. La Palabra no solo dio existencia, sino también vida y luz a todo lo que existe.

 

Desde una perspectiva científica, sabemos que la materia no se crea ni se destruye, solo se transforma. Los científicos reconocen que la materia que existe hoy es la misma desde la creación. Este principio confirma lo que la Biblia enseña, pues Dios creó una sola vez por medio de Su Palabra, y desde entonces, nada nuevo ha sido creado; todo simplemente se transforma.

 

Solo Dios tiene el poder de crear. Lo que él habló con Su Palabra se materializó, y de ahí en adelante, la materia se mantiene en constante transformación. Cuando una persona muere, su cuerpo regresa al polvo y se convierte en minerales para la tierra; de ese proceso surge nueva vida. Todo en la creación refleja ese ciclo de transformación que Dios estableció con Su Palabra.

 

Por eso, la vida está en la Palabra de Dios. Ella fue la que dio vida a todo y la que continúa sosteniendo lo que existe. Además, esa vida trae luz. Cuando una persona deja de leer la Palabra, su luz interior comienza a apagarse. Pierde brillo, vitalidad y esperanza.

 

Muchas veces encontramos personas que antes reflejaban vida espiritual, asistían a la iglesia, escuchaban la Palabra, hacían devocionales y compartían su fe, pero con el tiempo se alejaron. Esas personas, aunque sigan respirando, ya no viven plenamente, porque la vida verdadera proviene de la Palabra de Dios.

 

La Biblia dice: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.” Esto nos enseña que el alimento físico nutre el cuerpo, pero la Palabra de Dios alimenta el alma y el espíritu. Por eso, leer la Biblia, escuchar predicaciones, hacer devocionales y estudiar libros cristianos no es una opción, sino una necesidad espiritual.

 

Cada vez que lees la Palabra, recibes vida y luz. En ella hay sabiduría, fuerza, dirección y consuelo. Dios sigue hablándonos hoy por medio de Su Palabra escrita, y quienes la reciben con fe experimentan transformación.

 

Los autores bíblicos, inspirados por el Espíritu Santo, fueron hombres profundamente conectados con Dios. El apóstol Pablo, por ejemplo, escribió la mayor parte del Nuevo Testamento, dejando revelaciones que seguimos aprendiendo hoy. El sabio Salomón, autor de Proverbios y Eclesiastés, plasmó enseñanzas que siguen iluminando nuestra vida espiritual. Leer estos escritos es alimentar nuestra mente y nuestro corazón con la sabiduría divina.

 

Por eso, queridos, nunca debemos separarnos de la Palabra. Ella es vida, luz y verdad. Cada día que abrimos la Biblia, escuchamos la voz de Dios, y esa voz nos da dirección, fortaleza y esperanza.

 

ORACIÓN

 

 

Padre Celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret te damos gracias por tu Palabra, fuente de vida y luz. Gracias porque a través de ella recibimos alimento para nuestra alma y energía para nuestro espíritu. Sabemos que no solo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de tu boca.

 

Señor, permite que tu Palabra llegue a cada corazón y produzca vida donde hay muerte, esperanza donde hay desánimo y luz donde hay oscuridad. Que cada persona que escuche o lea este devocional entienda la importancia de abrir la Biblia cada día, aunque sea unos minutos, para escucharte hablar.

 

Gracias, Padre, porque en tu Palabra encontramos sabiduría, fuerza, dirección y consuelo. Ayúdanos a no separarnos nunca de ella, a amarla, meditarla y vivirla.

 

Bendice a cada persona que hoy se acerca a ti a través de este devocional, y haz que tu Palabra produzca en ellos vida en abundancia.

 

Oramos en el nombre poderoso de Jesús de Nazaret.

 

Amén y amén.

 

¡Bendiciones!