Romanos 12:9 (NTV) No finjan amar a los demás; ámenlos de verdad. Aborrezcan lo malo. Aférrense a lo bueno.
Queridos amigos, el título del devocional de hoy es “Sabias Indicaciones”. Este es un mensaje directo del apóstol Pablo, escrito a la iglesia que estaba en Roma, Italia. Una iglesia que él mismo había fundado durante sus viajes misioneros a diferentes ciudades y países. El mensaje de Pablo es muy claro: presenta tres indicaciones poderosas que debemos analizar una por una. Son instrucciones sabias, vigentes hasta hoy, que agradan a Dios cuando las ponemos en práctica.
La primera indicación es: “No finjan amar a los demás; ámenlos de verdad.” El amor puede ser fingido cuando se busca un beneficio personal o un favor a cambio. Muchas veces las personas aparentan amor para obtener algo, y Pablo lo sabía muy bien; por eso nos exhorta a no fingirlo. El amor debe ser genuino, sincero y verdadero. Fingir amor produce daño, no solo en las relaciones humanas, sino también en el testimonio cristiano. Si Dios es amor y fingimos amar, estamos presentando una imagen falsa de Él. La gente podría asociar el amor con hipocresía, falsedad o mentira, y terminar decepcionándose de Dios mismo. Por eso, los creyentes debemos amar con autenticidad. Si somos hijos de Dios, tenemos su amor en el corazón, y no necesitamos fingirlo.
La segunda indicación que da el apóstol Pablo es: “Aborrezcan lo malo.” Aborrecer significa rechazar, alejar o no permitir que lo malo esté cerca de nosotros. Sin embargo, en los tiempos actuales, muchos se preguntan qué es realmente malo y qué es bueno. Hoy en día, hay conductas que antes se consideraban incorrectas, pero que la sociedad moderna ha normalizado. Por ejemplo, hace algunos años ciertas prácticas eran vistas como contrarias a los principios bíblicos, pero ahora muchos las consideran aceptables. Esto nos lleva a reflexionar sobre lo que Pablo enseña: lo malo no lo determina la sociedad, sino la Palabra de Dios.
Aborrecer lo malo implica tener una reacción firme de rechazo hacia todo aquello que ofende a Dios: la injusticia, el abuso, la extorsión, la mentira o cualquier práctica que dañe a otros. Aborrecer es no soportar el mal ni permitir que habite cerca de nosotros. Es una actitud de firmeza espiritual que nos protege de contaminarnos con lo que el mundo presenta como “normal”. Por eso Pablo nos invita a mantenernos alejados del mal y a no tolerarlo, aun cuando la cultura cambie o intente redefinir lo que es correcto.
Finalmente, la tercera indicación del apóstol Pablo es: “Aférrense a lo bueno.” Aferrarse es más que simplemente sostener; es sujetarse con fuerza, sin soltar. Imagina que estás siendo arrastrado por una corriente de agua y alguien te lanza una cuerda: aferrarte a esa cuerda es cuestión de vida o muerte. Así mismo debemos aferrarnos a lo que es bueno, a lo que agrada a Dios, porque de ello depende nuestra vida espiritual.
Si entendemos que bendecir a los demás es bueno, aferrémonos a eso y sigámoslo haciendo. Si sabemos que apoyar a nuestra iglesia local es bueno, no dejemos de hacerlo. Aferrarnos a lo bueno significa mantenernos firmes en la práctica de todo aquello que glorifica a Dios: la bondad, la misericordia, la fidelidad y el servicio. Aunque la sociedad cambie constantemente sus valores y confunda lo bueno con lo malo, nosotros debemos permanecer firmes, aferrados a lo que Dios aprueba.
ORACIÓN

Padre celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, te damos gracias por la oportunidad de recibir tu consejo. Hoy recordamos las sabias indicaciones que, a través del apóstol Pablo, nos enseñas en tu Palabra. Señor, ayúdanos a que nuestro amor sea genuino y sincero, sin fingimientos ni intereses personales. Llena nuestro corazón de tu amor infinito para poder compartirlo con los que nos rodean y reflejar tu carácter en nuestras acciones.
Te pedimos también que nos des discernimiento para reconocer lo malo, aunque la sociedad intente presentarlo como algo normal o aceptable. Que tu Espíritu Santo nos revele lo que no te agrada, para que podamos aborrecer el mal y mantenernos alejados de todo lo que te ofende.
Y finalmente, Señor, enséñanos a aferrarnos a lo bueno, a todo lo que trae honra a tu nombre, lo que edifica, bendice y glorifica tu presencia. Aunque el mundo cambie sus valores y confunda lo bueno con lo malo, queremos permanecer firmes en tu verdad.
Padre, bendice a cada persona que escucha o lee este mensaje. Guarda sus hogares y sus familias bajo tu protección. Lo pedimos en el nombre poderoso de Jesús de Nazaret.
Amén y amén.
¡Bendiciones!