Hebreos 12:1 (NTV) Por lo tanto, ya que estamos rodeados por una enorme multitud de testigos de la vida de fe, quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante.
La Biblia nos dice que estamos rodeados por una enorme multitud de testigos, hombres y mujeres que vivieron una fe genuina y perseveraron hasta el final.
Este pasaje viene inmediatamente después del capítulo 11 de Hebreos, conocido como el capítulo de los héroes de la fe. Allí se nos habla de personajes como Abraham, Gedeón, David y muchos otros que estuvieron dispuestos a darlo todo con tal de concluir su carrera de manera victoriosa. Ellos no se rindieron, aun en medio de pruebas, luchas y debilidades.
Ahora, el escritor de Hebreos nos dice que, teniendo ese gran número de testigos, debemos seguir su ejemplo. Nos invita a mirar sus vidas como una fuente de inspiración, recordándonos que la fe no es solo un concepto, sino una carrera que se corre con constancia, entrega y perseverancia.
Este versículo nos presenta tres verdades fundamentales para la vida cristiana. La primera es que existe una multitud de personas que ya recorrieron el mismo camino que nosotros estamos recorriendo hoy. Esto nos muestra que el Evangelio y la vida de fe no están diseñados solo para personas especiales o superdotadas, sino para todo ser humano.
La Biblia incluso nos recuerda que Elías, con todas sus pasiones humanas, con sus luchas internas y momentos de debilidad, fue grandemente usado por Dios. Aun cuando enfrentó tentaciones profundas y momentos de crisis, se mantuvo firme y terminó su carrera, siendo llevado al cielo. Esto nos enseña que, con todo y nuestras debilidades, sí es posible perseverar y llegar a la meta.
La segunda verdad que nos enseña este pasaje es clara: debemos despojarnos de todo peso, especialmente del pecado. El pecado es presentado como una carga pesada que nos impide avanzar. Es imposible correr una carrera llevando un peso excesivo sobre la espalda; de la misma manera, no podemos avanzar en la vida de fe si estamos cargando pecado, mentira, engaño o falsedad.
Vivir una vida doble, ocultar cosas, mentir o engañar no permite avanzar en ninguna área de la vida. Ya sea en lo espiritual, en lo familiar o en lo laboral, el pecado siempre se convierte en un obstáculo. No se puede correr una carrera de fe cargando ese peso, porque tarde o temprano nos hará tropezar.
La tercera verdad es que la vida de fe es una carrera de largo plazo. No se trata de llegar primero, sino de llegar a la meta. Se trata de mantenernos en el carril correcto, enfocados, sin desviarnos por las tentaciones o dificultades que se presentan en el camino. El Evangelio no es una carrera corta, es una carrera que dura toda la vida.
Para poder correr esta carrera con perseverancia, debemos quitarnos todo peso innecesario y, cuando sintamos que las fuerzas flaquean, recordar que no estamos solos. Tenemos una multitud de testigos que nos recuerdan que sí se puede, que es alcanzable y que vale la pena perseverar hasta el final.
Por eso, se nos anima a seguir el buen ejemplo, a inspirarnos en aquellos que ya terminaron su carrera con fidelidad. Una vez más, recordamos lo que dice Hebreos 12:1: “Quitemos todo peso que nos impide correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar, y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante.”
ORACIÓN

Padre celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, te damos gracias por la oportunidad que nos das de ser inspirados por tu Palabra. Gracias porque, aun en un solo versículo, nos hablas con tanta claridad y poder.
Reconocemos, Dios, que nos has puesto en una carrera de largo plazo, la carrera de la vida de fe, y entendemos que para recorrerla es necesario despojarnos de todo peso. Sabemos que si insistimos en seguir cargándolo, llegará un momento en el que nos impedirá continuar.
Hoy escuchamos tu llamado a despojarnos del pecado, de la mentira, del engaño, de la falsedad, de la doble vida y de todo aquello que nos detiene. Nos invitas a soltar esas cargas para poder seguir avanzando con libertad.
Gracias también porque nos recuerdas que, cuando flaqueamos o sentimos que las fuerzas se agotan, podemos mirar a esa multitud de testigos que ya corrieron antes que nosotros y recordar que, así como ellos lo lograron, nosotros también podemos lograrlo.
Padre celestial, gracias por hablarnos a través de tu Palabra, por fortalecernos en medio de nuestras debilidades y por recordarnos que esta carrera no es de corto plazo, sino para toda la vida. Sabemos que al final nos esperas con la corona de la vida, con la victoria y con las recompensas que has preparado.
Oramos en el nombre de Jesús de Nazaret.
Amén y amén.
¡Bendiciones!