Gálatas 3:4 (NTV) ¿Acaso han pasado por tantas experiencias en vano? ¡No puede ser que no les hayan servido para nada!

 

Con esto quiero dejarte saber que las experiencias buenas y malas que vivimos a lo largo de la vida están destinadas a darnos experiencia, crecimiento y madurez. Sin embargo, he notado que hay personas que, a pesar de todo lo vivido, parecen no aprender de sus errores.

 

Existen frases que usamos muy a menudo para describir esta realidad, como aquella que dice “tropezar con la misma piedra”. Esta expresión resume perfectamente a una persona que vuelve a caer, vuelve a fallar y vuelve a repetir exactamente la misma experiencia, aun cuando ya la había vivido y sufrido antes.

 

Eso es precisamente lo que el apóstol Pablo le escribe a la iglesia de Galacia, a los gálatas. Él cuestiona su madurez espiritual y les dice con firmeza: “¿No es posible que no hayan aprendido con todas las experiencias que han vivido?” Y vuelve a insistir: “¿Acaso han pasado por tantas experiencias en vano? No puede ser que no les hayan servido para nada.”

 

El apóstol Pablo está cuestionando su crecimiento y su madurez, porque las experiencias, tanto buenas como malas, están diseñadas para enseñarnos. Si no aprendemos de ellas, entonces algo no está funcionando correctamente en nuestro proceso de crecimiento.

 

Por ejemplo, cuando una persona tiene problemas de salud debido a una mala alimentación, a la falta de descanso o a un estilo de vida lleno de estrés constante, esa situación debería generar experiencia y provocar cambios. Debería llevarnos a decir: “Necesito alimentarme mejor, descansar mejor y cambiar el ritmo de vida que estoy llevando”.

 

Las experiencias de vida también se manifiestan de formas mucho más profundas. En mi caso personal, experimentar la muerte de un hijo me enseñó a valorar la vida como uno de los bienes más preciados que tenemos, después de la salvación y de Cristo. Una experiencia así inevitablemente te lleva a madurar y a ver la vida desde otra perspectiva.

 

Por eso, cuando hablamos de una persona con experiencia, normalmente nos referimos a alguien maduro, alguien que ha aprendido de lo vivido. Y eso es exactamente lo que Pablo les reclama a los gálatas: “Han vivido muchas experiencias, pero no han aprendido de ellas.”

 

Ahora la pregunta, queridos, va directamente para nosotros. ¿Has tenido relaciones fallidas en el pasado? Personas que no compartían tu fe, que tenían vicios o conductas dañinas. Y hoy, ¿te encuentras repitiendo el mismo tipo de relación, solo que con un rostro diferente? El apóstol Pablo cuestiona precisamente eso: la falta de aprendizaje y de madurez.

 

¿De nada sirvió haber vivido con una persona abusiva, violenta, con vicios o que no compartía tu fe? ¿No dejó ninguna enseñanza? Estas preguntas nos invitan a reflexionar con honestidad.

 

Pensemos también en las dificultades que vivimos hoy. Muchas no son nuevas, son ciclos que se repiten. Enfermedades que regresan, problemas que reaparecen, relaciones tóxicas que vuelven a entrar en nuestra vida. Muchas veces la causa es la misma que antes: falta de cuidado, falta de límites, falta de cambios.

 

La vida debe darnos experiencia, la experiencia debe producir madurez y la madurez debe llevarnos a hacer cambios. Cuando alguien ya te dañó, te hirió, habló mal de ti, te expuso o te menospreció, no es sabio permitir que vuelva a ocupar el mismo lugar en tu vida. Aprender a poner límites también es parte de la madurez espiritual.

 

Este es el mensaje del devocional de hoy. El apóstol Pablo cuestiona la inteligencia y la madurez de un grupo de personas porque las experiencias vividas no les habían servido de nada. Hoy tenemos la oportunidad de demostrarle a Dios que a nosotros sí nos han servido.

 

ORACIÓN

 

 

Padre celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, te damos gracias porque nos hablas por medio de tu Palabra.

 

Señor, permite que cada uno de nosotros pueda meditar profundamente si estamos repitiendo los mismos errores que en el pasado nos causaron dolor, dificultad o tormento. Especialmente aquellos que hoy están viviendo el mismo tipo de relaciones, con diferentes personas, pero con los mismos resultados.

 

Padre, permite que aprendamos de las experiencias pasadas. Que quienes descuidaron su salud por falta de disciplina puedan aprender y hacer cambios. Que aquellos que permitieron que personas malintencionadas estuvieran cerca, drenando su energía y apagando su brillo, aprendan a establecer límites sanos.

 

Señor, que las experiencias vividas produzcan madurez, que la madurez produzca cambios y que esos cambios nos acerquen más a Ti. Presento en tus manos a cada persona que se identificó con este devocional, especialmente a quienes han reconocido patrones que se repiten en su vida.

 

Los entrego en tus manos y oro en el nombre de Jesús de Nazaret.

 

Amén y amén.

 

¡Bendiciones!