Apocalipsis 3:7 (NTV) Escribe esta carta al ángel de la iglesia de Filadelfia. Este es el mensaje de aquel que es santo y verdadero, el que tiene la llave de David. Lo que él abre, nadie puede cerrar; y lo que él cierra, nadie puede abrir.

 

Jesús se presenta de esta manera cuando le da la revelación del Apocalipsis al apóstol Juan. Al mostrarse como el que tiene la llave de David, nos está enseñando que tiene el poder de abrir puertas que por alguna razón han estado cerradas, puertas que solo Él puede abrir. Pero esa misma llave también tiene la autoridad y la capacidad de cerrar puertas, aun cuando nosotros quisiéramos que permanecieran abiertas.

 

Y queridos, esto es algo que sucede muy a menudo en la vida. Muchas veces tomamos rumbos donde aparentemente todo va bien. Las cosas comienzan a salir como las habíamos planificado, obtenemos resultados, celebramos avances y llegamos a pensar que ese camino es, sin duda, la voluntad de Dios, porque todo parece estar funcionando.

 

Sin embargo, sin hacer ningún cambio de ruta, de repente aparece una puerta cerrada. Llegamos a un punto donde ya no podemos avanzar, donde las cosas se estancan, donde surgen trabas, obstáculos y dificultades. Entonces nos preguntamos: ¿Qué pasó? ¿Qué cambió? Y es importante entender algo: esto no siempre está relacionado con el pecado, ni con estar haciendo las cosas mal, ni con tener algo escondido delante de Dios.

 

Cuando una puerta se cierra en el rumbo que veníamos caminando, no necesariamente significa que estemos fallando. Muchas veces simplemente significa que el que tiene la llave de David cerró esa puerta, y con eso nos está diciendo: “Hasta aquí.”

 

Lo que tenías que aprender por este camino ya lo aprendiste. La experiencia que necesitabas adquirir ya la obtuviste. Ahora es momento de cambiar de rumbo, de girar el timón y comenzar a caminar por otra ruta.

 

Es precisamente en ese punto donde muchas personas se desesperan. Aparecen los conflictos emocionales, la confusión, la ansiedad. No saben qué está pasando, pero en realidad es el momento de reestructurar, tomar decisiones importantes y aceptar el cambio.

 

Yo soy una persona que cree que no porque me encuentre una puerta cerrada voy a desistir inmediatamente. Creo en intentar, en empujar, en buscar alternativas y maneras distintas de avanzar. Si no se puede de una forma, se intenta de otra. Persistir también es parte del crecimiento.

 

Pero también creo que cuando ya se ha intentado varias veces, cuando se han probado diferentes caminos, estrategias y esfuerzos, y la puerta simplemente no se abre, entonces debemos entender algo muy importante: el que tiene la llave de David ha cerrado esa puerta, y cuando Él la cierra, nadie puede abrirla.

 

Esto aplica a muchas áreas de la vida: relaciones que no se concretan, proyectos que no avanzan, negocios que no se cierran, aprobaciones que no llegan, aun después de múltiples intentos. No siempre es rendirse; muchas veces es discernir.

 

Por eso, la idea central de este devocional, y el título “Sigue las señales”, es esta: ¿Y si Dios cerró esa puerta porque quiere cambiar tu rumbo? ¿Y si está tratando de llamar tu atención hacia otro camino?

 

Muchas veces nos aferramos tanto a abrir una puerta que Dios ya cerró, que no nos damos cuenta de las señales que Él está mostrando por otro lado. Nos enfocamos tantoen lo que no se dio, que dejamos de ver lo nuevo que Él quiere hacer.

 

Por eso, el llamado de hoy es a detenerte por un momento, mirar a tu alrededor, buscar consejo, pedir asesoría, acercarte a personas con más experiencia, y comenzar a discernir las señales. Dios no deja de guiar; a veces simplemente cambia la dirección.

 

Cuando Dios cambia las señales es porque sabe que por el camino anterior ya aprendiste todo lo necesario, y que la experiencia acumulada te permitirá caminar ahora por una ruta de mayor crecimiento y bendición.

 

No nos aferremos a una puerta cerrada. El que tiene la llave de David puede abrir otra, puede mostrar un nuevo rumbo y una manera distinta de avanzar. Aprendamos a seguir las señales.

 

ORACIÓN

 

 

Padre celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, te damos gracias por la oportunidad que nos das de conectarnos con tu Palabra, la fuente más sólida de inspiración y sabiduría que existe.

 

Señor, reconocemos que Tú eres el que tiene el control y el poder. Tú tienes la llave de David, la autoridad para abrir y cerrar puertas, relaciones, estrategias y caminos.

 

Padre, cada persona que está escuchando este devocional tiene un objetivo, un anhelo y un sueño por alcanzar. Todos estamos caminando por una ruta que creemos nos llevará a cumplir los deseos más profundos de nuestro corazón. Y en ese camino, muchas puertas se han abierto y hemos avanzado.

 

Pero cuando llega el momento en que una puerta se cierra, te pido, Señor, que le des sabiduría a aquella persona que ya ha intentado de todas las maneras posibles y no ha logrado avanzar. Concédeme serenidad y paz para detenerse, mirar a su alrededor y discernir las señales que Tú estás mostrando.

 

Padre, que entiendan que cuando una puerta no se abre, no es tiempo de deprimirse, rendirse o abandonar, sino de buscar la puerta que Tú estás abriendo. Dales sensibilidad espiritual para reconocer tu dirección y seguirla con confianza.

 

Bendigo a cada persona que participa de esta oración. En tus manos los entrego, y te pido que los guíes continuamente.

 

Oramos en el nombre de Jesús de Nazaret.

 

Amén y amén.

 

¡Bendiciones!