La historia de Salomón es realmente interesante. Cuando su padre, el rey David, murió, le dejó varias indicaciones muy específicas. Dentro de ellas, le dijo: “Hay dos personas de las que debes deshacerte. No permitas que estén dentro de tu círculo.” David sabía que había personas tóxicas, capaces de traicionar o causar daño, y le advirtió a su hijo que debía encargarse de ellas.

 

Sin embargo, una vez que David muere y Salomón queda al mando, lo primero que hace es establecer una alianza con el rey de Egipto y casarse con su hija. Este movimiento fue una estrategia política. Sabías que la mayoría de los matrimonios de Salomón, y recordemos que tuvo un total de mil mujeres, fueron con ese propósito: mantener la paz en el reino de Israel.

 

A su alrededor, Israel estaba rodeado de pueblos que podían unirse y atacar en cualquier momento. Pero Salomón fue inteligente: pensó que si hacía alianzas matrimoniales con los reyes enemigos, estos no se atreverían a atacar, ya que sus hijas vivían en el palacio de Jerusalén. De ese modo, utilizó los matrimonios como una estrategia para evitar guerras y mantener la estabilidad del reino.

 

El plan funcionó. Egipto, un imperio poderoso, jamás iría a la guerra contra Israel sabiendo que su hija vivía con el rey. Salomón logró mantener la paz internacional gracias a sus alianzas. Sin embargo, aunque la estrategia dio resultado, no todas las estrategias son correctas. Si bien cumplió su objetivo a corto plazo, más adelante esas mismas alianzas fueron su tropiezo.

 

Las mujeres extranjeras que trajo al palacio lo persuadieron para que levantara altares a otros dioses y ofreciera sacrificios a ídolos. Lo que comenzó como una buena estrategia política terminó siendo su ruina espiritual.

 

Queridos, es cierto que Dios le había dado a Salomón una sabiduría impresionante. Fue el hombre más sabio que ha pisado la tierra. Solo al leer sus tres libros, Proverbios, Eclesiastés y Cantar de los Cantares, uno puede ver la profundidad de su conocimiento. Pero a pesar de tanta sabiduría, una mala estrategia lo condujo al fracaso.

 

Salomón heredó de su padre un reino lleno de conflictos internos. Había divisiones, ambiciones de poder y traiciones. Incluso uno de sus hermanos mayores quiso usurpar el trono, contando con el apoyo del líder del ejército y del sumo sacerdote. David sabía que su hijo enfrentaría grandes amenazas, tanto internas como externas, y por eso le advirtió. Pero Salomón decidió actuar de manera diplomática, estableciendo alianzas con los pueblos vecinos para no tener que guerrear.

 

El problema fue que esa misma estrategia, que le funcionó para mantener la paz, fue la causa de su caída espiritual. Por eso, debemos aprender de esta historia: no toda estrategia que parece buena al principio, termina siéndolo.

 

Dios nos llama a analizar nuestras decisiones, a evaluar nuestras estrategias. ¿Estamos actuando con sabiduría o simplemente buscando resultados rápidos? ¿Estamos sacrificando principios espirituales por conveniencia momentánea?

 

Hay que analizar nuestras estrategias. No todo lo que parece funcionar hoy traerá bendición mañana.

 

ORACIÓN

 

 

Padre Celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret te damos gracias porque a través de tu palabra podemos aprender de los grandes hombres de la fe. Podemos observar sus aciertos, pero también sus errores, para no repetirlos. Gracias por enseñarnos que no toda estrategia que parece correcta realmente lo es.

 

Señor, queremos aprender de Salomón. Él buscó mantener la paz, pero su estrategia terminó siendo piedra de tropiezo. Te pedimos que nos ayudes a usar estrategias que estén alineadas con tu voluntad, que no nos lleven a desviarnos ni a comprometer nuestra fe.

 

Mi oración es que cada persona que lee este devocional pueda detenerse a meditar en sus decisiones y confirmar si sus estrategias son realmente correctas delante de ti. Que nada de lo que hagan hoy se convierta mañana en su propio obstáculo.

 

Padre, permite que cada paso, cada decisión y cada plan estén bajo tu dirección. Danos sabiduría para elegir lo correcto y humildad para reconocer cuando nos hemos equivocado. En tus manos te entregamos nuestras estrategias, nuestras metas y nuestros caminos.

 

Oramos y bendecimos este día en el nombre poderoso de Jesús de Nazaret. 

 

Amén y Amén.

 

¡Bendiciones!