Hebreos 1:1 (NTV) Hace mucho tiempo, Dios habló muchas veces y de diversas maneras a nuestros antepasados por medio de los profetas.
La Biblia nos dice que Dios habló a nuestros antepasados de muchas formas diferentes, conforme a la época y a las circunstancias de cada tiempo. Si analizamos estas formas, podemos notar un patrón de manifestación que Dios ha seguido para comunicarse con la humanidad.
Por ejemplo, Dios se manifestó a Moisés por medio de la zarza ardiente. Un arbusto estaba encendido, pero no se consumía, y fue a través de esta señal que Dios le habló. Más adelante, Dios habló al pueblo de los judíos esclavizados en Egipto mediante las señales y plagas de Moisés, demostrando su poder a la primera potencia de la época y confrontando al faraón.
Incluso antes, en el tiempo del diluvio, Dios se manifestó a Noé y le indicó construir el arca. Más adelante, utilizó a Gedeón, un hombre tímido y con baja autoestima, para liberar a los israelitas de la opresión de los madianitas. Dios ha hablado a su pueblo de muchas maneras, y todo esto ha quedado registrado en la Biblia, para que podamos comprender cómo Dios se comunica.
Con el paso del tiempo, Dios envió profetas como Isaías, quien anunció la venida del Mesías y los sufrimientos que Él padecería, incluso detalles sobre dónde nacería. Otros profetas, como Daniel, hablaron sobre el fin de los tiempos y la historia de los reinos.
Queridos amigos, Dios ha hablado de forma local, regional y global. No solo ha hablado a generaciones pasadas, sino que también habla en el presente y nos revela lo que está por venir en el futuro. Ha utilizado todos los medios disponibles: la naturaleza, la escritura, e incluso la tecnología en nuestro tiempo. La escritura, en particular, ha sido un método clave para preservar su mensaje de generación en generación.
No podemos dejar de mencionar que Dios habló de manera suprema a través de su Hijo, Jesucristo. Él vino a la Tierra para manifestar quién era, cuál era su propósito y lo que sucedería al final de los tiempos. Todo esto quedó registrado de manera clara en la Biblia.
¿Cómo nos habla Dios hoy? La mejor manera de escuchar a Dios en la actualidad es leyendo la Biblia. Cada vez que leemos su Palabra, estamos escuchando su voz. La Biblia es la palabra de Dios, es su vida y su mensaje para nosotros. En el principio, era el Verbo, y el Verbo era Dios; la palabra se hizo carne en Jesucristo. Cada vez que abrimos la Biblia, estamos recibiendo un mensaje directo de Dios.
Queridos amigos, Dios sigue hablando hoy. Nos habla a través de su Palabra, de sus promesas y de los medios que ha puesto a nuestro alcance, como devocionales, audios, radios, pastores, amigos y familiares que nos recuerdan su mensaje. Dios nos llama a estar atentos y sensibles a su voz para que podamos recibir su dirección, guía y bendición.
Hebreos 1:1 nos recuerda: “Hace mucho tiempo Dios habló muchas veces y de diversas maneras a nuestros antepasados por medio de los profetas, y ahora en estos últimos días nos ha hablado por medio de su Hijo.” Dios nos habla hoy, como nos ha prometido, y debemos estar atentos a su mensaje.
ORACIÓN

Padre celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, te damos gracias, Dios, por la oportunidad de conectarnos contigo a través de tu Palabra.
Sabemos que sigues hablando hoy, Señor, y nos dirigimos a ti para que tu voz nos llegue en nuestras vidas. Reconocemos que a lo largo de la historia pocos han escuchado y obedecido tu mensaje, pero tú sigues manifestándote a aquellos que buscan conocerte y acercarse a ti.
Señor, te pedimos que quienes leen la Biblia, asisten a la iglesia, hacen devocionales o buscan aprender de Ti, te encuentren y reciban tu mensaje. Permite que quienes te buscan con pasión y entrega encuentren tu presencia y dirección, y que tu palabra continúe alcanzando a aquellos que más te necesitan.
Te pedimos, Señor, que envíes mensajeros y medios para hablar hoy a quienes están sufriendo, atravesando dificultades y necesitan tu guía. Que tu voz llegue por audios, radios, devocionales, pastores, amigos y familiares, y que tu mensaje transforme sus vidas.
Te damos gracias, Padre, y lo oramos en el nombre de Jesús de Nazaret.
Amén y amén.
¡Bendiciones!