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Una Seรฑal Celestial

๐‘ซ๐‘ฌ๐‘ฝ๐‘ถ๐‘ช๐‘ฐ๐‘ถ๐‘ต๐‘จ๐‘ณ: EL JUGADOR INVISIBLE

Salmos 116:6 NTV
 
El Señor protege a los que tienen fe como de un niño; estuve frente a la muerte, y él me salvó.
 
Te quiero contar una anécdota, es una historia interesante la estaba leyendo y creo que a muchos nos ha pasado algo muy similar. Dice este personaje que escribe:
 
Cuando éramos jóvenes, los chicos del barrio jugábamos fútbol en la calle, al instante de haber llegado a la casa de la escuela, dejábamos los libros y nos íbamos a la calle. El muchacho de enfrente tenía un padre, que era muy aficionado al fútbol y además tenía mucha habilidad con la pelota. 
 
Tan pronto se estacionaba y se acercaba, llegaba a donde estábamos jugando y empezábamos a gritar para que saliera a jugar; él no se podía resistir, su debilidad era el fútbol, y para ser justo el siempre preguntaba ¿cuál equipo va perdiendo?  Y entonces se incorporaba al equipo que solía ir perdiendo, regularmente era el mío.
 
Su aparición en el grupo lo cambiaba todo; él tenía seguridad, era fuerte y sobre todo tenía un plan. Nosotros hacíamos un círculo alrededor de él y nos miraba y nos decía –Bien muchachos, eso es lo que vamos a hacer, tú te vas a ir para el frente, tú te vas a ir para el otro lado y tú te vas a quedar acá a la parte de atrás.
 
De esa manera siempre inspiraba al grupo, y nos hacía ver lo que no veíamos. La cosa es que no solamente teníamos un nuevo plan, teníamos un nuevo líder, traía nueva vida el equipo. Y esto, es lo que Dios precisamente hace con cada uno de nosotros, con nuestros equipos, con nuestra misión en la vida, nuestras tareas que tenemos que cumplir. 
 
Dios se convierte en ese jugador invisible, ese jugador invisible que no vemos, pero que sabemos que está ahí cuando las cosas empiezan a salir bien, cuando las cosas empiezan a salir en orden, cuando todo marcha en armonía, cuando simplemente hay eso que la gente llama inercia y comienzan las cosas a engranar, cada uno en su posición y en su lugar. 
 
Hoy yo te invito para que tú hagas de Dios, el jugador invisible, es el líder que hace falta en tu equipo, es el líder que vendrá y acomodara las piezas, el que ayudará a que todo marche mejor, y si ibas perdiendo, Él tiene la capacidad de hacer que te recuperes y que puedas empezar a ganar. 
 
No necesitamos un nuevo juego, no necesitamos un nuevo equipo, no necesitamos cambiar de cancha. Lo único que necesitamos es un nuevo jugador, el jugador invisible, lo único que necesitamos es un líder, lo único que necesitamos es un plan. No necesitamos cambiar posiciones, necesitamos ese jugador invisible y ese jugador es Jesucristo, el único hijo de Dios. 
 
Por eso que aunque vayamos perdiendo, por eso que aunque en la vida las cosas no nos vayan saliendo como deseábamos o esperábamos, aunque estemos postrados muchas veces por una enfermedad, por un agotamiento, por un fracaso, el jugador invisible, el jugador que necesitas en tu equipo, el jugador que siempre está listo para ayudarte a salir adelante en medio de tu dificultad. Ese, el jugador invisible, es el Señor Jesucristo.
 
Muy pocas veces te das cuenta que está ahí, cuando te has acostumbrado a tenerlo, pero cuando hace falta, como lo anhelas y como lo deseas; si tú equipo iba perdiendo, iban rumbo al fracaso, hoy quiero decirte, no te des por vencido, invita al jugador invisible, Él siempre tiene un plan y Él siempre tiene una manera de resolver las cosas.
 
Qué te parece si hacemos una oración donde le pidamos a Él que venga a ser parte de nuestro equipo y se convierta en ese jugador invisible para nosotros.

ORACIÓN
 
Padre, en el nombre del Señor Jesucristo de Nazaret. Hoy quiero darte las gracias por esa oportunidad que nos das de estar aquí compartiendo de tu palabra, hemos descubierto, nos hemos dado cuenta lo importante que es tenerte de nuestro lado.
 
Señor, cuando estábamos postrados, nos rescataste cuando más necesitábamos, llegaste y nos salvaste; Dios, hoy queremos pedirte que seas tú el protagonista en nuestra vida, que no seamos nosotros los que busquemos el protagonismo, sino que los hagamos a un lado para darte a ti ese protagonismo.
 
Eres tú el jugador invisible de nuestro equipo, eres tú el único que tiene la capacidad de llevarnos a la victoria, eres tú el único que tiene la capacidad de hacer que el equipo se conjunte de manera adecuada, que todos entrenen en su posición, y que cada uno dé lo mejor de ellos. 
 
Señor, que seas tú nuestro jugador estrella, el jugador invisible, el que lleva el equipo al siguiente nivel. Así oro hoy para que cada persona que está que por medio de El Devocional leyendo el mensaje de tu palabra, empiece a involucrarte en su propio equipo, y seas tú el protagonista el que lleve a esa familia al siguiente nivel. 
 
Tedamos a ti la gloria y la honra, reconociendo que solamente tú tienes el potencial de llevarnos a la victoria. Gracias Padre, bendigo a cada persona en el nombre de Jesús de Nazaret. 
 
Amén y amén. 

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